sábado, 4 de octubre de 2008

Impacto de la crisis en Argentina

Qué auguran los informes reservados de Wall Street
Las proyecciones de los principales bancos estadounidenses hablan de un futuro poco auspicioso para la Argentina. Cómo protegerse.

Ajustarse: tal parece la consigna en la nueva economía global. Foto: Revista Fortuna
Ampliar Según los informes reservados de la banca estadounidense a los que tuvo acceso la revista Fortuna, el multimillonario paquete de rescate aprobado hoy en el país del norte es apenas el primer paso para la resolución de la crisis económica mundial, que seguirá provocando situaciones cuyos efectos se harán sentir y mucho sobre la economía argentina.
Fuertes restricciones a los créditos, menor inversión por parte del sector privado y caída del precio de las commodities son algunos de esos fenómenos que continuarán produciéndose, y que en varios aspectos podrían retrotraer el escenario internacional hasta antes del comienzo de la "era de la abundancia" iniciada a comienzos del nuevo milenio.
Así lo revelan diagnósticos como el del banco de inversión Barclays, involucrado en la nueva propuesta de canje de deuda argentina. Fortuna accedió a esos documentos de circulación acotada y presenta sus conclusiones, que si bien son desalentadoras podrían terminar jugando en algunos aspectos a favor de mercados emergentes como el argentino.
Concretamente, el enfriamiento obligado de la actividad y la caída del precio de las commodities ayudarían en la batalla contra la inflación, aunque para la Argentina esos beneficios lucen completamente menores respecto de los perjuicios que trae aparejada la nueva pizarra de precios de las materias primas.
Días antes de firmar su compromiso con la administración K para el canje de deuda, por ejemplo, Barclays admitió en su informe reservado que "una desaceleración global y corrección de las commodities más profunda puede comprometer el aterrizaje suave desde el inflacionario 2008 y amenazar con un parate de la actividad".
Sin ningún compromiso con el Gobierno, Morgan Stanley va mucho más lejos y desarrolla un ejercicio sobre qué ocurriría en las economías emergentes si las commodities volvieran al precio promedio de los diez años anteriores a la "era de la abundancia", lo que podría suceder con la fuga de inversores que pusieron fichas a la soja en el mercado especulativo.
De llegarse a ese escenario, en definitiva, la Argentina pasará automáticamente de un superávit del 1,1 % del PBI en 2008 -según los cálculos del analista Daniel Volberg- a un déficit superior al 8,1 %. Con los mercados de crédito completamente cerrados para el país, la capacidad de pago quedaría evidentemente restringida.
Esa falta de capitales y las mayores restricciones fiscales (el Gobierno ya no podrá salir tan fácilmente como hoy a comprar o vender divisas) presionarán a su vez sobre el tipo de cambio, por lo que según algunos informes en la Argentina el dólar podrá subir hasta un 20 % llegando a cotizarse hasta a $ 3,75.
Cómo protegerse. Ante el escenario que describen los bancos norteamericanos, los especialistas recomiendan fundamentalmente cautela y mente fría para protegerse y proteger los ahorros. Por empezar, las inversiones no deberían ser apuestas a un único frente ni a largo plazo, sino más bien estar diversificadas y perseguir resultados nada lejanos.
Otro consejo que dan quienes saben del tema es pensar primero en el resguardo de valor, y recién después en la toma de ganancias. El dólar puede ser una opción para eso. Por otra parte, el sistema financiero local muestra solidez y hay cierta expectativa de suba de tasas de interés. Para plazos fijos, a 30 días.
Si se tiene una posición en acciones o en bonos, en tanto, no es momento de salir, especialmente si hay resto para esperar. En este sentido, la paciencia gana, motivo por el que también debería seguirse de cerca el valor de las propiedades. El corto o mediano plazo puede ser toda una diferencia.

miércoles, 1 de octubre de 2008

La gran crisis de las hipotecas

Mal debut de la economía posmoderna. Por André Glucksmann. Para LA NACIONResulta inútil consultar a los grandes economistas clásicos para entender la crisis actual, pero basta con releer El tulipán negro, de Alejandro Dumas para que el espíritu del capitalismo descienda sobre nosotros.
Su núcleo central es la especulación. Por un lado, la especulación es dinámica, conquistadora y una opción para un futuro próspero, pero, por el otro, es una perversa espiral de esperanza, acumulación de créditos obtenidos a partir de pronósticos ultraoptimistas y desmoronamiento del castillo de cartas en cuanto se produce la primera quiebra.
Primero, una especulación transformada en decisión positiva, veinte años de globalización, un enriquecimiento no sólo de algunos, sino de la mayoría del planeta ?China, por ejemplo?; después, un colapso, la amenaza de un derrumbe proporcional al éxito precedente. En una escala diferente, la lógica de la euforia especulativa sobre los tulipanes que evoca Alejandro Dumas en su libro anuncia esa pirámide de créditos ficticios que son los subprime.
El capitalismo es la mutualización de los peligros y de las esperanzas. Allí se origina el dinamismo y, simultáneamente, las especulaciones sobre los beneficios, la regulación prudente y la transgresión imprudente de las antiguas reglas, los riesgos compartidos y la audacia de arriesgar mejor que los otros. Allí se originan los derrumbes individuales o colectivos, que delimitan un espacio imposible de controlar anticipadamente, pero que desde hace tres siglos es inalterable, a pesar de los sucesivos y gigantescos abusos de poder.
Es inútil contraponer un capitalismo industrial que ha seguido siendo prudente a una esfera financiera imprudente y temeraria. El mismo progreso industrial, que por cierto no se asemeja a un calmo río, alterna continuamente la creación y la destrucción, el abandono de las antiguas fuerzas productivas y la explosión de nuevas fuentes de riqueza.
El sistema financiero estimula estos movimientos de destrucción creativa, que definen siglo tras siglo la occidentalización del mundo.
Nada de original, entonces, en esa burbuja que amenaza con hacer que implosione la economía planetaria, salvo la negligencia que le permitió crecer. Y, sin embargo, no faltaron advertencias.
Tanto en los Estados Unidos (Enron) como en Francia (Crédit Lyonnais, BNP) hubo fenómenos de euforia financiera local, pero ruinosa, que dejaron al descubierto, no importa si en la cumbre de las empresas públicas o las privadas, la existencia de dirigentes napoleónicos que creían que podían permitirse cualquier cosa. Y algunos funcionarios lanzaron sus propias empresas al asalto de Hollywood, sin descuidar, sin embargo, su ventaja personal, y ahora los contribuyentes deben pagar los platos rotos.
El problema no es tanto el tipo de técnica financiera ?que, según se promete ahora, será controlada?, sino el estado de ánimo general que ha consentido ese desenfrenado florecimiento. En los consejos administrativos, nos encontramos con el leitmotiv posmoderno: no hay riesgo, no puede pasar nada malo, como lo demuestran los paracaídas de oro.
Desde el final de la Guerra Fría, la promesa de un mundo pacífico difunde, urbi et orbi, la novedad de una historia sin desafíos, sin conflictos, sin tragedias, que autoriza todo y casi cualquier cosa. Una burbuja especulativa es una apuesta confirmada por sí misma. Es "performativa", según el lingüista Austin. Para el especulador, conceder crédito significa dar existencia. "¡Se abre la sesión!", proclama el presidente de una asamblea ?y es verdad por el sólo hecho de decirlo?: la realidad se regula por la palabra, mientras que, en los casos ordinarios, el hecho de decir, que no es "performativo", sino indicativo, se regula según la realidad.
La burbuja financiera acumula crédito sobre crédito y se enriquece con su propia autoafirmación. Se encierra en una relación autorreferencial, al abolir gradualmente el principio de realidad: soy efectiva mientras invente los productos financieros que constituyen mis inversiones.
Ese fantasma de omnipotencia napoleónica no anima solamente a los empresarios, sino también a todos los que les permiten arriesgarse; no sólo a los titulares de las organizaciones financieras, sino a las autoridades políticas, universitarias y mediáticas, que no se preocupan por nada.
La ideología "performativa" ?una cosa se vuelve verdad por el solo hecho de decirla? gobierna la occidentalización del planeta desde el final de la Guerra Fría. Dado que el bando rival se ha disgregado, el porvenir nos pertenece y los peligros fundamentales ya han desaparecido.
Se puede reconocer en la negación "performativa" de cualquier referencia real una suerte de locura de encierro en la "imaginación". El posmoderno, que se cree "más allá del bien y del mal" y a quien no le importa la distinción entre lo verdadero y lo falso, un presunto ídolo del pasado, da rienda suelta a su propia imaginación y vive en una burbuja cósmica.
La euforia no es menor en materia política que en la manipulación de la Bolsa de valores. Han hecho falta casi diez años para que George W. Bush, Condoleezza Rice, Tony Blair y el Quai d?Orsay descubrieran que Putin no era el buen tipo ni el democrático en ciernes del que se jactaban. Probablemente, hagan falta otros diez años para que se haga una fría evaluación de los dos acontecimientos decisivos que signaron el final del siglo XX: la reunificación de una gran parte de Europa, que, a partir de las revoluciones democráticas de Georgia y Ucrania, inquieta sobremanera al Kremlin. Y la emergencia de China, que modifica profundamente el equilibrio mundial.
Por un lado, el "milagro económico" provocado por las reformas de Deng Xiao Ping relega definitivamente la economía colectivista marxista al museo de cera: las ventajas de la economía de mercado saltan a la vista.
Por otro lado, un milagro económico tan enorme no garantiza de hecho democracia ni coexistencia política. No olvidemos que los dos milagros económicos más importantes del siglo XX, el de Alemania y el de Japón, se originaron en los 50 millones de muertes de la Segunda Guerra Mundial.
Roguemos que el temblor que anticipa una crisis universal nos ofrezca la ocasión de salir de la burbuja mental posmoderna, de enfriar la euforia de nuestros deseos ilusorios y de atrevernos finalmente a enfrentarnos con la verdad. Pero tengo miedo de enunciar con esto tan sólo otro deseo ilusorio.
(Traducción: Mirta Rosenberg). El autor es filósofo y ensayista.

jueves, 18 de septiembre de 2008

Crónicas de la crisis. "Abróchense los cinturones"

Abróchense los cinturones. Por Nicholas von Hoffman
NUEVA YORK.? Al cruzar el Rubicón, Julio César sabía que estaba iniciando un nuevo sistema político. Al gastar miles de millones de dólares en rescatar a AIG, el gobierno de Bush no tiene ni la menor idea del proceso que está iniciando. Y ahora ni siquiera sabe cómo seguir.
Lo único que sabía el secretario del Tesoro, Henry Paulson, era que si permitían que AIG cayera se desencadenarían todos los infiernos. Podría incluso haber pánico en las calles.
El secretario y sus colaboradores sabían que un fondo de inversión había perdido tanto dinero cuando Lehman Brothers declaró la quiebra que tuvo que suspender los retiros de sus clientes. Pero Lehman no es nada comparado con AIG, una gigantesca aseguradora.
Si quebraba, muchos más fondos de inversión corrían el riesgo de ser congelados. Los estadounidenses han depositado más de 3,5 billones de dólares en esos fondos, y si ese dinero no podía retirarse nos veríamos frente a un pánico similar al de 1933, cuando miles de personas golpeaban las puertas de los bancos para recuperar sus ahorros perdidos. Incluso ahora muchos están tan asustados por la posibilidad de perder su dinero que se están refugiando en los bonos del Tesoro, con un interés de apenas 0,02 por ciento.
Era cuestión de actuar o hacerse a un lado y dejar que todo se viniera abajo. Paulson, y especialmente el presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, que es un estudioso del tema, saben lo que pasó en 1933, cuando todo el mundo se quedó congelado mientras Wall Street primero, y luego todo el resto, se desmoronó.
Enfrentados a estas dos únicas opciones, los dos empresarios republicanos eligieron nacionalizar AIG tal como lo habían hecho pocos días antes con Fannie Mae y Freddie Mac, las gigantescas hipotecarias.
Desde el punto de vista de los accionistas de AIG, no se trata de un acuerdo muy agradable. El interés que AIG debe pagar por el préstamo de 85.000 millones de dólares que necesita para permanecer a flote es del 11,5 por ciento. Es casi el interés que cobran las tarjetas de crédito. Además, el gobierno se queda con el 79,9 por ciento de las acciones y tiene derecho a despedir a los ejecutivos, nombrar nuevos y hacer todo lo que se le antoje.
Para bien o para mal, el gobierno ahora es el propietario de AIG. Esperaba que fueran empresas del sector privado las que salieran en rescate de AIG, pero éstas estaban muy asustadas o no tenían esa clase de capital. Todo el mundo está tan golpeado que reunir sumas tan grandes puede resultar imposible en este momento.
El rescate de AIG no acaba con la crisis. En cuanto se anunció el acuerdo, empezaron los rumores de que Goldman Sachs y Morgan Stanley, las dos últimas grandes corredoras, serán las próximas en caer. Algunos creen que tendrán que ser absorbidas por otra empresa o esperar a ver cómo se derrumba el precio de sus acciones.
Candidatas a desaparecer
Goldman y Morgan no son las únicas candidatas a la extinción. También los nombres de Wachovia, un gran banco y agente financiero, y Washington Mutual, la asociación más grande de ahorro y préstamo del país, están en la lista letal. El miedo y la sospecha invaden el mundo de las finanzas y el dinero. Los bancos hasta tienen miedo de prestarse dinero entre sí.
Más allá de Wall Street, crece la furia a medida que la gente sufre despidos, el desempleo aumenta, se ejecutan viviendas, los estudiantes luchan para conseguir préstamos estudiantiles, se evaporan los fondos de retiro y al mismo tiempo se ve que se gastan sumas demasiado grandes, casi incalculables, para rescatar millonarias empresas en dificultades. Las noticias que hablan de ejecutivos corruptos que salen airosos, con muchos millones de dólares en el bolsillo, de derrumbes que ellos mismos provocaron, están cayendo muy mal entre la gente.
El gobierno, tras haber lanzado al país hacia una nueva era de capitalismo estatal, es incapaz de explicarle al pueblo lo que está haciendo. Todas las explicaciones le tocan a Paulson, un ex ejecutivo de Goldman Sachs que tiene una fortuna de casi 750 millones. Pero es incapaz de comunicarse con nadie fuera del mundo financiero o el gobierno.
Aunque pudiera hablar en un lenguaje que la gente común entienda, tendría poco para decir. Vive día a día, exhausto, enfrentando las crisis a medida que se le vienen encima. No tiene un plan de acción, sólo la doctrina de mercado que aprendió, y que le ha fallado. No hay que preguntarle a Henry Paulson cómo o cuándo se abatirá esta terrible tormenta.
Tampoco se puede recurrir a los candidatos presidenciales. John McCain, que acaba de convertirse en un defensor de mayores regulaciones, no tiene idea de lo que está diciendo. Barack Obama sí tiene idea de lo que dice, pero no viene al caso. No sirven de mucho los debates sobre cómo hay que cambiar las reglas y las regulaciones. No sabemos qué quedara para regular para esta altura del año que viene.
Por ahora, se trata de enfrentar la crisis día a día, hora a hora, minuto a minuto. Así que abróchense los cinturones.

miércoles, 17 de septiembre de 2008

La crisis mundial. Nosotros de qué jugamos?

El zorro y el puercoespín. Por Mariano Grondona
Mientras se agudizaba la crisis internacional por la bancarrota de Lehman Brothers, la presidenta Kirchner se aventuró a decir que "el primer mundo se derrumba como una burbuja", mientras "la Argentina está firme en medio de la marejada".
Esta tajante afirmación sobre la supuesta solidez de nuestra economía frente a la crisis mundial ocurre, sin embargo, al mismo tiempo que el riesgo país de la Argentina trepa a una altura insospechada, sólo comparable a la de Venezuela. ¿Quién está entonces verdaderamente en crisis hoy, nosotros o el mundo capitalista?
El desdén por el mundo capitalista que acaba de reiterar la Presidenta, ¿podría reflejar un choque cultural? En un libro que hizo época, El nuevo mundo del zorro gótico, el chileno Claudio Véliz señaló que hay dos tipos de culturas económicas en el mundo actual. Para ilustrarlas, Véliz acudió a una metáfora: el contraste entre "la cultura del zorro" y "la cultura del puercoespín".
Mientras el zorro se aventura lejos de su madriguera, exponiéndose al riesgo de los espacios abiertos para aprovecharlos, el puercoespín se hace bolita para evitar todo riesgo, cerrándose al mundo. En tiempos de bonanza el zorro progresa, pero en tiempos de prueba paga su osadía.
Para comparar ambas actitudes, hay que medir cuánto gana el zorro cuando gana y cuánto pierde cuando pierde, en tanto que, para el puercoespín, hay que hacer la cuenta inversa. Es verdad que hoy el mundo abierto del capitalismo atraviesa una hora de prueba. Lo que hay que preguntarse empero es si a la larga las ganancias del mundo capitalista no son incomparablemente más abundantes que las de las economías cerradas, ultraprotegidas.
Por más que la economía china pueda sufrir ahora, ¿quién podría comparar los progresos que obtuvo desde que Deng la abrió en 1979 con todo lo que sufrió, con todo aquello de lo que se privó, cuando vivía la detrás de la muralla de Mao? Los Estados Unidos sufren ahora, ¿pero han pasado a ser por eso más atrasados que Venezuela o la Argentina?
La breve proclama de la Presidente refleja su prefererencia por una economía cerrada detrás de la muralla de Kirchner y Moreno. ¿Cuánto habrían avanzado el campo y la industria argentinas en la hipótesis contraria? El puercoespían se relame al ver al zorro en dificultades, sin advertir todo lo que avanzó el zorro antes de ellas y todo lo que avanzará después de ellas, no bien recupere la inmensa energía de la libertad.

La crisis mundial: Globalización 2.0

De la periferia al centro. Por Guillermo Omar Oliveto. Para LA NACION
Uno de los autos más innovadores de los últimos tiempos llegaría al mercado sobre finales de este año. ¿De dónde viene? ¿De los Estados Unidos, de Alemania, Francia o Japón? No. Viene de la India. Así como lo fue en su momento el "Escarabajo" de Volkswagen, el "Nano" de Tata Motors promete ser "el nuevo auto de la gente". Su valor rondará los 2500 dólares. Se transformará en el ícono del nuevo mercado de la "accesibilidad". Ratan Tata es el dueño del grupo económico que lleva su nombre. Sus 96 empresas facturan, en conjunto, unos 22.000 millones de dólares al año. Tienen presencia en más de 50 países y exportan a unos 120. Ratan se acaba de dar un pequeño gusto: quedarse con dos empresas emblemáticas de la más alta alcurnia británica: Jaguar y Land Rover.
Acuciadas por la violenta descapitalización originada en la crisis de las hipotecas, diversas entidades financieras de las más prestigiosas de los EE.UU. tomaron la difícil decisión de vender parte de sus acciones y salir a buscar dinero fresco. ¿Quiénes las compraron? Entre otros, los entes de inversiones de Kuwait y Abu Dhabi, las corporaciones de inversiones de los gobiernos de Singapur y de China y hasta fondos no identificados de Oriente Medio.
"Vamos a ser el club más grande del mundo, más que el Real Madrid y el Manchester United." ¿Quién conmovió al ambiente del fútbol con semejante desafío? Sulaiman Al-Fahim, cara visible del Abu Dhabi United Group for Development and Investment, un fondo de inversión que cuenta directamente con el sustento de la familia real del emirato. Pagaron 230 millones de euros por el Manchester City, un club que no sale campeón de la liga inglesa desde 1968. Ya tienen al crack brasileño Robinho, que dejó el Real Madrid tras un pago cash de 42 millones de euros. Y, por si fuera poco, van por el jugador del momento: Cristiano Ronaldo. Pagarían la mayor cifra jamás pagada por un jugador de fútbol: 240 millones de euros. En la tierra de los inventores del fútbol hoy reinan los árabes y los rusos: no nos olvidemos de Román Abramovich, que, en 2003, se quedó con el Chelsea.
Hablando de rusos, el ex presidente Mikhail Gorbachov es una de las nuevas estrellas de la campaña global de la marca Louis Vuitton. Si esta imagen no fuera ya suficientemente paradójica, lo sería que en la mítica Plaza Roja de Moscú los turistas puedan visitar el mausoleo de Lenin y regodearse en uno de los shopping centers más lujosos del planeta casi al mismo tiempo. Entre una y otra atracción hay sólo cien metros.
El hombre más rico del mundo es mexicano. Carlos Slim. La tercera fábrica de aviones comerciales del mundo es brasileña, Embraer.
En dos de las economías más liberales de hoy se acaban de quemar todos los libros: el Estado se vio obligado a intervenir para salvar de la bancarrota a algunas de sus entidades financieras. En los Estados Unidos, Bear Sterners, Fannie Mae y Freddie Mac y en Inglaterra, el Northern Rock Bank. Henry Paulson, el secretario del Tesoro de los Estados Unidos, acaba de confesar que es muy difícil saber el costo del rescate de todas estas financieras. George Soros, luego de anunciar en Davos 2008 que estamos frente a la peor crisis de las finanzas desde los años 30, aseveró: "Sin reglas, el capitalismo se destruirá".
Tiene sentido la reflexión de Ricardo Lagos, reconocido como uno de los mejores estadistas de los últimos tiempos en la región, y lejos de ser considerado estatista o populista: "Una sociedad que espera que el mercado todo lo resuelva va a terminar siendo una sociedad de mercado, con las diferencias que tiene el mercado". Barack Obama también se anotó en la carrera que promete recrear las reglas del capitalismo: "Demasiadas veces hemos disculpado o abrazado una ética de la codicia. Eso ya ha amenazado la estabilidad de largo plazo de nuestro sistema. Hoy tenemos que crear un nuevo marco regulatorio del siglo XXI".
El libre mercado, tal como se lo pregonó en los últimos años, quedará para otra instancia. El Estado ha vuelto a ocupar un lugar central en la escena. ¿El mundo se ha vuelto loco? Luego de un largo ciclo de prácticamente dos décadas de crecimiento continuo, a una tasa promedio del 4% anual, da la impresión de que estamos ingresando en el reino del revés. Todo parece estar patas para arriba. Y, de algún modo, lo está.
Hay un modelo que imperó durante esa larga fase de crecimiento que está crujiendo. Y otro modelo, una especie de hijo bastardo de ese proceso, que ya está dando pruebas de merecer atención. Mientras el centro gozaba de los beneficios de la "globalización 1.0", dejó que fuera la "mano invisible" del mercado la única encargada del control.
Cuando, en la portada de su número del 31 de diciembre de 2007, la revista Time declaró a Vladimir Putin personaje del año, dio cuenta de un fenómeno que ya trascendió la esfera económica para avanzar sobre lo político y lo social. Como quedó claramente demostrado en el reciente conflicto del Cáucaso, el espíritu zarista renace.
La lógica de la "globalización 1.0", hija dilecta de aquel "fin de la historia" que proclamó Francis Fukuyama en julio de 1989, y que se transformó, el 9 de noviembre del mismo año, en "verdad irrefutable" tras la caída del Muro de Berlín, está siendo fuertemente cuestionada.
Una nueva lógica, la de la "globalización 2.0", pelea por su espacio en las mentes de millones de personas que comienzan a creer en un mundo ya no unidireccional -del centro a la periferia-, sino bidireccional -del centro a la periferia y de la periferia al centro- y hasta "multidireccional" -de una periferia a otra periferia-. Nos movemos de una impronta vertical a una horizontal. Otro intelectual americano, el tres veces ganador del premio Pullitzer, Thomas Friedman, ocupó el lugar de Fukuyama cuando se ocupó de bautizar este nuevo tiempo. Lo llamó la era del "mundo plano".
El "dinero nuevo" ya no está en el centro, sino en los bordes. Cabe remitirse a los números. En el período 2003-2008, mientras la economía de los Estados Unidos habrá crecido un 15%, la de Europa, un 11,5%, y la de Japón, un 11%; la de China lo hará un 64%; la de India, un 52%; la de Rusia, un 41%, y la de Brasil, un 25%. Por supuesto que es en "el centro" donde sigue concentrándose la mayor parte del stock de riqueza del mundo: los EE.UU., Japón y Alemania continúan siendo las tres principales potencias económicas globales. Si consideramos la Comunidad Económica Europea como un todo, es tan importante como los Estados Unidos. Ambos manejan casi 2/3 de la economía global. Pero una cosa es el stock y otra el flujo. La velocidad de crecimiento de "los bordes" es muy superior a la del centro.
Como bien sugiere el futurólogo americano John Naisbitt en su último libro, Mindset, 11 mentalidades para prever el futuro , "el futuro es un conjunto de posibilidades, hechos, giros, avances y sorpresas. En una proyección del futuro, tenemos que prever dónde van las piezas, y cuanto más comprendamos las conexiones, más exacta será la visión. ¡Vean el futuro como un rompecabezas!".
La primera conclusión a la que podemos llegar, siguiendo su sugerencia, es que puede imaginarse un futuro próximo con más piezas. Y nuestra región crece en importancia desde la nueva perspectiva de un mundo multilateral, donde cada cual lleva a la gran mesa de la globalización lo mejor de sí. Entre 2003 y 2008, América latina crece un 28%. Todos sus países, con regímenes económicos y políticos diferentes, han crecido en los últimos 5 años, y la Cepal acaba de confirmar que se prevé que lo hagan también en los dos próximos.
Sucede que los grandes motores de la globalización 2.0, esos milenarios países de los bordes que conjugan ahora su tradicional vocación y potencia imperial -como quedó demostrado en la maravillosa escenificación de los recientes Juegos Olímpicos de Pekín-, con la imprescindible condición capitalista que les permite subirse a la red global; a medida que mejoran la calidad de vida de su gente -nada menos que la mitad de la población mundial-, requieren más y más de lo que nosotros tenemos para vender. Fundamentalmente, tres grandes cosas: comida, energía y talento.
En palabras del pensador francés Alain Touraine: "El final de un mundo no es el final del mundo".
El mundo no está loco, sólo está cambiando su estructuración. Aquellos que son capaces de visualizar hoy las nuevas conexiones que se están tejiendo logran tener más clara la figura final del rompecabezas. Se dibuja ante sus ojos una oportunidad inédita en más de cien años. Si aún quedaran dudas, un reciente informe de la Fundación Producir Conservando, comandado por el economista Juan José Llach, sobre la base de datos de la FAO, lo acaba de confirmar: la demanda de alimentos seguirá muy firme de acá a 2020, con crecimientos del consumo superiores al 90% en productos clave para la región, como la soja, el maíz, el trigo, la carne vacuna, la carne de pollo, la leche, y las frutas. Otro economista, Miguel Angel Broda, publicó meses atrás, en este diario, que en Europa un kilo de lomo hoy vale igual que 4 kilos de Audi.
Cuando ya se cuentan por cientos de millones los que empiezan a comer mejor y la demanda crece más rápido que la oferta, los términos de intercambio cambian. Siendo también parte integrante de "los bordes", son varios los países y los gobernantes latinoamericanos -con Brasil y Lula a la cabeza- que en el vecindario de la Argentina están viendo la oportunidad y van por ella ¿Lo lograremos nosotros?
El autor es consultor en tendencias de consumo.

viernes, 29 de agosto de 2008

JEFFREY SACHS. SUPERAR LA BRECHA DIGITAL, CLAVE PARA SUPERAR LA POBREZA


Guerra digital contra la pobreza. Por Jeffrey D. Sachs. Para LA NACION

NUEVA YORK.- La brecha digital está empezando a cerrarse. El flujo de información digital -por medio de teléfonos celulares, mensajes de texto e Internet- hoy está llegando a las masas del mundo, incluso en los países más pobres, trayendo consigo una revolución en la economía, la política y la sociedad.

La extrema pobreza es casi sinónimo de extremo aislamiento, especialmente aislamiento rural. Pero los teléfonos celulares e Internet inalámbrica ponen fin al aislamiento y, por lo tanto, terminarán siendo la tecnología más transformadora del desarrollo económico de nuestro tiempo.

La brecha digital se está terminando, y no por un brote de responsabilidad cívica, sino, principalmente, mediante las fuerzas del mercado. La tecnología de telefonía celular es tan poderosa, y cuesta tan poco por unidad de transmisión de datos, que hoy resulta posible venderles a los pobres acceso a los teléfonos móviles. En la actualidad existen más de 3300 millones de abonados en el mundo, aproximadamente una de cada dos personas en el planeta.

Es más, la penetración de mercado en los países pobres está aumentando marcadamente. India tiene alrededor de 300 millones de abonados, y el número de abonos aumenta de manera apabullante: ocho millones o más por mes. Brasil hoy cuenta con más de 130 millones de abonados e Indonesia, con unos 120 millones. En el Africa, donde están los países más pobres del mundo, el mercado está en pleno apogeo, con más de 280 millones de abonados.

Los teléfonos celulares hoy son ubicuos, tanto en los pueblos como en las ciudades. Si un individuo no tiene un celular, casi con certeza conoce a alguien que sí lo tiene. Probablemente, una mayoría significativa de africanos tienen al menos acceso de emergencia a un celular, ya sea propio, de un vecino o en un quiosco comercial.

Aun más destacable es la continua "convergencia" de la información digital: cada vez más, los sistemas inalámbricos conectan a los celulares móviles con Internet, las computadoras personales y los servicios de información de todo tipo. La gama de beneficios es sorprendente. Cada vez en más partes del mundo, los pobres de las zonas rurales hoy tienen acceso a sistemas inalámbricos de bancarización y de pago, como el famoso sistema M-PESA de Kenya, que permite transferencias de dinero por medio del teléfono.

La información transmitida a través de las nuevas redes abarca la salud pública, la atención médica, la educación, la bancarización, el comercio y el entretenimiento, además de las comunicaciones entre amigos y familiares.

India, hogar de los ingenieros en software y de las compañías de alta tecnología más prestigiosas del mundo, además de una economía rural vasta y densamente poblada de unos 700 millones de pobres necesitados de conexión de todo tipo, naturalmente ha sido un pionero del desarrollo económico liderado por la tecnología digital.

Cada vez más, el Gobierno y las empresas se han aunado en sociedades público-privadas para proporcionar servicios cruciales en la red digital. En los estados indios de Andhra Pradesh y Gujarat, por ejemplo, los servicios de ambulancias de emergencia hoy están al alcance de decenas de millones de personas, respaldados por celulares, sistemas informáticos sofisticados y mayores inversiones públicas en salud rural. Varios sistemas de telemedicina en gran escala hoy están ofreciendo atención sanitaria primaria y hasta cardíaca a las poblaciones rurales.

Es más: el nuevo esquema de garantía de empleo rural, que apenas tiene dos años, no sólo emplea a millones de los ciudadanos más pobres del país con financiamiento público, sino que también hace ingresar a millones de ellos al sistema de bancarización formal, sobre la base de las redes digitales de India.

En el aspecto plenamente comercial, la revolución móvil está creando una revolución en la logística del marketing de la granja al comercio. Los agricultores y los vendedores de alimentos pueden conectarse directamente a través de teléfonos celulares y de centros de distribución, lo que les permite a los agricultores vender sus cosechas a precios más altos en la "puerta de la granja" y sin demora, mientras que los compradores pueden trasladar esos cultivos a los mercados con un mínimo de desperdicio y a precios más bajos para los consumidores finales.

El fortalecimiento de la cadena de valor no sólo aumenta los ingresos de los agricultores, sino que también permite la diversificación de los cultivos y la mejora agrícola de manera más general.

Del mismo modo, las empresas de software más importantes del mundo están generando empleos en el sector de la tecnología de la información, incluida la tercerización de procesos comerciales, directamente en los pueblos por medio de redes digitales.
La educación también se transformará de manera similar. En todo el mundo, las escuelas en todos los niveles se volverán globales, uniéndose en redes educativas digitales a nivel mundial. Los chicos, en Estados Unidos, aprenderán sobre Africa, China e India no sólo en libros y videos, sino también por los vínculos directos entre las aulas de diferentes partes del mundo. Los estudiantes compartirán ideas a través de chats en vivo, programas compartidos, proyectos conjuntos y videos, fotos y textos enviados por la red digital.

Las universidades también tendrán clases globales, donde estudiantes de una docena de universidades, o más, al mismo tiempo, se reunirán en conferencias, grupos de discusión y equipos de investigación. El año pasado, mi propia universidad -la Universidad de Columbia en la ciudad de Nueva York- se aunó con universidades de Ecuador, Nigeria, el Reino Unido, Francia, Etiopía, Malasia, India, Canadá, Singapur y China en un "aula global" que, simultáneamente, conectó a cientos de estudiantes en más de una docena de predios universitarios, en un curso emocionante sobre desarrollo sostenible global.

En mi libro El fin de la pobreza , escribí que se puede terminar con la pobreza extrema para el año 2025. Una predicción apresurada, tal vez, en vista de la violencia global, el cambio climático y las amenazas a los suministros de alimentos, energía y agua. Pero las tecnologías de información digital, si están difundidas de manera cooperativa y global, serán nuestras nuevas herramientas más importantes, porque nos permitirán unirnos globalmente en mercados, redes sociales y esfuerzos cooperativos para solucionar nuestros problemas comunes.

© Project Syndicate y LA NACION. (Traducción: Claudia Martínez)
El autor es profesor de Economía y director del Earth Institute en la Universidad de Columbia, Estados Unidos.

martes, 26 de agosto de 2008

Argentina vista desde España

Para España, la Argentina es una economía de "alto riesgo"
El banco central de ese país la ubica junto a la de Venezuela; dudas en varios sectores
Por Silvia Pisani, Corresponsal en España
MADRID.- El Banco de España (banco central de ese país) previno sobre eventuales riesgos en la naturaleza de su vínculo económico con nuestro país en los segmentos referidos a actividades comerciales, financieras e inversiones en activos bancarios.
En su relación con España, la Argentina quedó así catalogada como un país con "riesgo elevado o muy elevado" en esos tres estamentos de la actividad económica. La calificación se desprende de un ejercicio hecho por economistas de la entidad para evaluar la "exposición internacional" de la economía española, de la que pondera, precisamente, su grado de apertura.
El informe, de 64 páginas, se guía por variables económicas. Su exposición no incluye ninguno de los temas que, en los últimos meses, ocuparon las primeras planas en la relación bilateral, como la estatización de Aerolíneas Argentinas, la compra de parte del paquete accionario de Repsol YPF o la cancelación del contrato con Aguas de Barcelona, ex accionista de Aguas Argentinas.
"Este estudio analiza los niveles de interdependencia y riesgo que se dan en las relaciones económicas entre España y un gran número de países", previenen, en el texto, los analistas de la autoridad monetaria.
El informe no tuvo difusión en la prensa local y fue escrito puertas adentro en España por los economistas Miguel García-Posada y Josep María Vilarrubia. Entre varios puntos, consigna la situación de las relaciones económicas entre ese país y otros 132 Estados a partir de datos bilaterales sobre vínculos comerciales y financieros, lo que permitió elaborar índices cruzados.
De todos modos, relativiza el impacto en la economía española de sus calificaciones sobre la región, incluida la Argentina. Eso para concluir que "las mayores interdependencias de la economía española se dan con países asociados a niveles reducidos de riesgo, mientras que las principales interdependencias asociadas a niveles intermedios de riesgo se dan en relación con países de América latina y con países exportadores de productos energéticos".
Con el título de "Mapa sobre la exposición internacional" española, el texto explora los potenciales problemas que podría tener ese país en el mundo y asigna a la relación con la Argentina dificultades en tres de los cuatro ítems analizados.
En cuestiones de interdependencia energética, el país fue eximido de riesgo, pero fue incluido como de "riesgo moderado a alto" en los referidos a actividades comerciales, financieras e inversiones en activos bancarios.
En lo referido a relaciones comerciales, el informe no le da a la Argentina una calificación específica, sino que la sitúa como parte de un conjunto de países integrado por México, Brasil, Colombia, Venezuela y Chile, como "de riesgo moderado o ligeramente elevado".
En finanzas, como Chávez. En el frente financiero, reveló que la interrelación con España también había dejado a la Argentina en posición de riesgo, junto con Venezuela. Al contrario, dice, de lo que ocurre con Chile.
"Otros dos países latinoamericanos con los que España presenta una interdependencia media son Chile y la Argentina: el primero con un nivel reducido de riesgo y el segundo con un nivel elevado del mismo. Esta gran exposición de la economía española a los países latinoamericanos viene dada por la gran inversión que empresas españolas han realizado en determinados sectores (especialmente en telecomunicaciones y sectores bancario y primario) de dichos países", dice el informe.
Nuestro país también figura con alguna advertencia en el rubro financiero, donde -aunque no se los menciona- los principales actores son los bancos BBVA y Santander.