domingo, 1 de noviembre de 2020

UN PAÍS QUE NO ES NEGOCIO. POR QUÉ SE VAN LAS MULTINACIONALES DE ARGENTINA

De Falabella a Brightstar, pasando por Walmart,Latam y Danone, en las últimas semanas las novedades del mundo empresario en la Argentina no pasan por los anuncios de inversión o el lanzamiento de nuevas líneas de productos, sino por las negociaciones de las multinacionales para salir del país.

Los problemas que enfrenta el sector privado en el mercado argentino no son nuevos y el mal clima de negocios no se puede atribuir exclusivamente a la pandemia o un gobierno en puntual. La economía argentina está cerca de cumplir una década con un crecimiento prácticamente nulo y una inflación en constante ascenso que torna cada vez más difícil cualquier inversión estratégica o de largo plazo.

¿Qué le pasó exactamente a Falabella?  

El panorama, sin embargo, se complicó en forma muy acelerada en los últimos meses y a la hora de explicar las razones de este éxodo los empresarios, banqueros y abogados especialistas en empresas coinciden en que no se puede hablar de una única causa sino de una conjunción de factores.

"Con la pandemia muchas multinacionales están revisando sus estrategias de crecimiento y tomando decisiones para concentrarse en lo que consideran como sus mercados claves. No es que se van solo de la Argentina, pero a la hora de buscar en donde desinvertir el país aparece siempre como el gran candidato porque lleva muchos años de bajo crecimiento y baja rentabilidad", explica a LA NACION Matías Eliaschev, CEO para América Latina de Lazard, el banco de inversión internacional.

En el sector privado explican que la reducción del mercado no es un proceso nuevo, aunque destacan que la caída se aceleró en los últimos años. "El récord de inversión extranjera en la Argentina se alcanzó en 1999, cuando se alcanzó un récord de US$25.000 millones, con más de 300 operaciones de fusiones y adquisiciones. A partir de ese momento, la inversión viene cayendo en forma sostenida todos los años, con algunos pocos repuntes muy puntuales, pero ahora estamos cada vez peor. En 2020 llevamos 25 transacciones y con suerte vamos a llegar a las 50 o 60 operaciones, pero lo más grave es que se llega a ese número por las empresas que se están yendo del país", explica Fernando Zoppi, socio de MHR Abogados, uno de los principales estudios especializados en M&A (por las siglas en inglés de mergers and acquisitions, es decir fusiones y adquisiciones)

Latam. Una competencia desigual que ya no se pudo sostener    

Incertidumbre política

La falta de un clima de negocios es tradicionalmente uno de los factores a los que apelan los empresarios en el momento de explicar la falta de inversiones. Sin embargo, no alcanza con este punto a la hora de entender lo que está pasando en la Argentina.

Falabella anunció hace un par de meses el cierre de cuatro tiendas en el país y la búsqueda de un comprador para sus activos localesFalabella anunció hace un par de meses el cierre de cuatro tiendas en el país y la búsqueda de un comprador para sus activos locales Fuente: Archivo

"La incertidumbre política obviamente que influye pero no lo explica todo. Las grandes petroleras no están en Suiza, sino que invierten en los países más complicados del mundo. Si van a Nigeria no es por el gran clima de inversión sino porque es negocio", se sinceró un empresario que analiza quedarse con algunos de los activos que están dejando las multinacionales que se van del país.

En este contexto cada vez menos atractivo, la pandemia terminó jugando un papel desencadenante para muchas multinacionales que ya estaban analizando salir de la Argentina. "La pandemia es un elemento coyuntural importante a la hora de tomar la decisión de continuar o no en el país, pero lo veo más como un acelerador que como un fenómeno de causalidad", opina el consultor de empresas y director de Invecq, Esteban Domecq. Para el economista, la decisión final de las empresas responde a un análisis más profundo de sus posibilidades en la Argentina, donde no encuentran un horizonte de inversión, de desarrollo y de rentabilidad acorde a sus objetivos.

"La Argentina viene de ocho años de estancamiento económico, con cuatro fases recesivas y ahí es donde cae el coronavirus, que lastima a todo el mundo. Pero a la hora de pensar en la salida, las empresas no están viendo que la Argentina esté dando los pasos adecuados. Las medidas políticas y económicas que se toman atentan contra ese escenario de recuperación y eso está precipitando el éxodo de empresas grandes, medianas y chicas", apunta Domecq.

La idea de que la pandemia terminó siendo la gota que rebalsó el vaso es confirmada por las empresas que están la búsqueda de las oportunidades que dejan las multinacionales que se van del país. "Con la pandemia muchas empresas multinacionales empezaron a replantear su estrategia internacional y avanzan con planes para concentrarse en los principales mercados internacionales, en un proceso antiglobalización. Bajo esta idea, la verdad es que no tiene mucho sentido quedarse en la Argentina que es un mercado chico y satelital", explicó a la nacion un ejecutivo de uno de los fondos locales que se muestra más activo a la hora de presentar ofertas de compra.

Presión impositiva

Un buen ejemplo de la falta de rentabilidad es lo que está sucediendo con las empresas de consumo masivo que en los últimos meses iniciaron la búsqueda de un comprador para sus operaciones locales. La lista incluye desde cadenas de tiendas como Falabella, supermercados como Walmart y hasta lácteas como Danone que puso en "revisión estratégica" sus activos argentinos.

Walmart aceleró en las últimas semanas el proceso de venta de sus supermercados en la ArgentinaWalmart aceleró en las últimas semanas el proceso de venta de sus supermercados en la Argentina Fuente: Archivo

Julián de Diego, especialista en derecho laboral y titular del Estudio de Diego & Asociados, suma el costo laboral como un tema central que tienen en cuenta las empresas a la hora de planificar sus estrategias. Según dijo, en la Argentina ese costo es "el doble" que en Brasil y "el triple" que en Chile y México. "A eso hay que sumarle un costo invisible que deriva de los conflictos sindicales que puedan surgir", señala.

A este escenario, de Diego agrega el "paquete de medidas recientes que ha instrumentado el Poder Ejecutivo, paralizando despidos y duplicando las indemnizaciones". Todos puntos que, para el abogado, impiden que las firmas puedan determinar sus propias estrategias y "competir con total libertad". "Hoy el mayor problema de la Argentina es que casi imposible ganar plata. En el caso puntual de los supermercados hay una regla que dice que cuando el costo laboral llega a los dos dígitos, una operación no es rentable. Históricamente, en la Argentina el costo laboral representaba el 6 o 7% de las ventas y hoy supera el 15%", coincide una fuente del sector supermercadista.

Círculo vicioso

Para César Litvin, tributarista y director del estudio Lisicki Litvin & Asociados, hay dos factores tributarios que se potencian mutuamente y que pesan en las empresas a la hora de definir sus planes en el país. Por un lado, la informalidad existente en la Argentina. "Estas grandes empresas no están en la informalidad, pero sus pequeños competidores sí, lo que genera una competencia desleal por el costo adicional que genera la carga tributaria", explicó.

 

Por otro lado, menciona la carga fiscal en sí, que en la Argentina representa el 32% del PBI, una de las más altas de la región. "Si a esa presión fiscal objetiva le agregamos los condimentos de la informalidad y la inflación, para quienes pagan impuestos la presión efectiva termina siendo cercana al 50%", precisó.

Litvin considera que la Argentina debe "entrar en una etapa de competitividad tributaria". "Si no se seguirán perdiendo inversiones, lo que genera un círculo vicioso: menos inversiones y por consiguiente menos empleo, menos consumo, menos actividad económica, más pobreza, más planes sociales y más gasto público", enumeró.

Efecto contagio: después de Walmart, se reactivan las ventas de Sodimac y la tarjeta de Falabella              

A la lista de factores que explican el éxodo empresario también hay que sumar las dificultades cada vez mayores que exhibe el mercado cambiario. "Las distorsiones que ofrece el mercado cambiario son un factor fundamental a la hora de entender por qué tantas empresas buscan irse del país, porque para una multinacional distribuir dividendos es que cada vez más difícil y todas las operaciones de exportación se terminan haciendo un dólar que es muy diferente al que tienen que importar", explica Zoppi, socio de MHR Abogados.

Seguridad jurídica

Para los expertos, la decisión de las empresas de irse del país o relocalizar el núcleo de sus operaciones tiene que ver en algunos casos también con la búsqueda de un escenario en el que sea posible proyectar a mediano o largo plazo. Es decir, de mayor seguridad jurídica. "Si el problema fuera la pandemia, la relocalización no serviría de nada", sintetiza Miguel La Vista, tributarista del estudio La Vista Casal, para quien la Argentina se caracteriza por sus "mecanismos imposibles de prever".

Brightstar acaba de cerrar la venta de su planta de celulares en Tierra del Fuego al grupo local MirgorBrightstar acaba de cerrar la venta de su planta de celulares en Tierra del Fuego al grupo local Mirgor Fuente: Archivo

Desde el punto de vista estrictamente fiscal, La Vista mencionó la presencia de tributos muy "particulares", como Ingresos Brutos e Impuesto al Cheque, "que se aplican aún cuando hay pérdidas y a tasas muy altas".

Además, señaló que algunas herramientas que podrían ayudar a las empresas extranjeras a permanecer en el país, como la moratoria aprobada para pagar cargas sociales e impuestos en cuotas, con beneficios de reducción de intereses y eliminación de multas, "discrimina a las empresas que tengan activos en el exterior", porque las obliga a repatriar el 30% de sus activos. "Es algo que en algunos casos es imposible de hacer, porque no es dinero que esté en cuentas sino invertido", apuntó.

 

Las 20 empresas que ya se fueron de la Argentina, buscan un comprador o están trasladando su producción a otro país

ANÁLISIS PORMENORIZADO DE LOS CASOS:

https://www.lanacion.com.ar/economia/negocios/un-pais-no-es-negocio-las-20-nid2493674

"ARGENTINA PRIMERO", EL NUEVO LIBRO DE MARTÍN REDRADO

“Viene un mundo con condiciones monetarias y financieras muy laxas, pero hay que saber aprovecharlas”. En una reciente publicación, que ya es best seller, el economista reflexiona sobre los desafíos para la Argentina y el contexto global luego de la pandemia. Fragmentos del capítulo “¿Puede volver a crecer la economía argentina?

6 de Septiembre de 2020

 “Estamos en presencia de un fenómeno nuevo porque se registra, en forma conjunta, un shock de oferta —es decir, una caída estrepitosa en la producción de bienes y servicios— junto a un shock de demanda —debido a que más del 70% de la población mundial debe permanecer en sus casas—”.

Ese es uno de los primeros conceptos que se destacan en “Argentina primero” (Sudamericana), el nuevo libro del economista Martín Redrado, ex presidente del Banco Central, que salió al mercado la semana pasada y rápidamente escaló a los primeros puestos de ventas en las principales librerías del país.

Allí se propone construir un nuevo camino, virtuoso e inclusivo, para estabilizar la economía, reducir la inflación y la pobreza, y trazar un sendero de crecimiento sostenido con inclusión social. “Un plan para dejar de improvisar”, como lo define el propio fundador de la Fundación Capital y director, junto al Premio Nobel de Economía Robert Merton, del Master of Central Banking de la Asia School of Business.

En una charla con Infobae, el economista de la UBA y con un Master en Administración de la Universidad de Harvard, detalló la génesis de su sexto libro, cómo imagina la economía global post pandemia y qué Argentina sueña para dentro de 10 años.

- ¿Cómo nació la idea de “Argentina primero”, su nuevo libro?

- Surgió en medio de la pandemia, en términos de cómo cambiaron todos los parámetros de análisis. La idea es pensar y analizar la Argentina luego del coronavirus y la crisis sanitaria. Venía madurando estos conceptos desde hace tiempo. En una de las charlas habituales que doy en foros internacionales, sobre finales del año pasado, en Nueva York, me preguntaron si está en el ADN de los argentinos ser incumplidores seriales de contratos. Difícilmente se me nota cuando me molesta algo, pero esa pregunta logró irritarme. Por supuesto dije que no, que habíamos tenido políticas económicas muy pendulares, que vamos de un lado al otro, pero que de ninguna manera era así. Entonces me puse a pensar con mi equipo por qué nos ocurren estas crisis y a buscar miradas superadoras, integrales. Tuve muchas charlas con economistas y otros especialistas, como Facundo Manes. Por ejemplo, dedico un capítulo específico a la innovación productiva, algo que emergió de charlas con Facundo a lo largo de los últimos dos años. Es parte de la visión integral que debe buscar reemplazar a los compartimientos estancos de la economía: quien piensa en lo fiscal no piensa en lo productivo; el que piensa en la parte productiva no lo hace en términos de innovación; el que mira lo monetario pierde la integralidad. Planteo una visión integral de las necesidades económicas y políticas para los próximos 10 años. Cómo se puede lograr un proceso de crecimiento de 3,5% anual para la próxima década. Así se generó este libro, basado en un programa para estabilizar la economía y de una transformación productiva y social que nos ponga en un sendero de crecimiento productivo.

- Cuenta una anécdota en la que Ben Bernanke, el ex titular de la Fed de EEUU, propuso a sus colegas pensar “fuera de la caja” en medio de la crisis de 2009. ¿Qué sería hoy pensar de esa manera?

- Es una historia importante porque siempre hay gente que nos marca en nuestra carrera profesional. En lo doméstico, como hacedor de políticas económicas, está Roberto Lavagna, también mis charlas con Manes; y en términos internacionales, esa charla con Bernanke quien nos pidió, en medio de otra crisis tremenda, pensar instrumentos que no fueran tradicionales. Hoy, pensar fuera de la caja es plantear un programa de reducción de la tasa de inflación con la convergencia de las variables que maneja el Gobierno, el gasto y los salarios públicos, recaudación, emisión monetaria, subsidios, inversión. Generar un esquema hacia una inflación de un dígito en 5 años. Todo con un marco legal específico. Por ejemplo, una ley de innovación productiva que duplique la inversión en I+D en 10 años. Argentina se va a diferenciar en esa materia cuando tenga a los científicos y a la capacidad de investigación aplicada alineada con el sistema productivo, las universidades, etc. Lo vemos con las vacunas, pro ejemplo, un sector en el que estamos a la vanguardia. También con la biotecnología y la genética animal. Necesitamos incentivos específicos. Junto a una ley de infraestructura que permita aumentar la inversión en pequeñas obras para generar trabajo para los que hoy no lo tienen, y también obras importantes financiadas por organismos internacionales, con mecanismos puntuales. Y dos ejes finales: una revolución impositiva y una exportadora sustentadas por esquemas legales discutidos y acordados en el Congreso. Pensar fuera de la caja es pensar el país de manera integral, hacer todo junto y al mismo tiempo para recuperar la confianza. Así se consigue un sendero que le quita incertidumbre a la economía y da previsibilidad. Es la forma de crecer de manera inclusiva y sostenida.

Hoy, pensar fuera de la caja es plantear un programa de reducción de la tasa de inflación con la convergencia de las variables que maneja el Gobierno, el gasto y los salarios públicos, recaudación, emisión monetaria, subsidios, inversión. Generar un esquema hacia una inflación de un dígito en 5 años

- ¿Cómo cambiará el mundo luego de la pandemia?

- Esta es una crisis de la que se saldrá con condiciones muy favorables, con un costo del dinero que es igual a cero. Será un mundo de grandes oportunidades para todo aquel que tenga buenos proyectos, capacidad emprendedora y que esté en un país con predictibilidad de sus principales variables. Pero serán oportunidades selectivas, no para todos. Será también un mundo mucho más digitalizado, con empleos en el sector de servicios. Hay que preparar al país para esa digitalización, para la inteligencia artificial que permitirá conocer más a nuestros consumidores, por ejemplo. Hay una cantidad de información que habrá que analizar y segmentar para ser más productivos desde el sector privado. Cambiarán la formas de trabajo y habrá nuevos desafíos, pero con condiciones monetarias y financieras muy laxas. Los que las puedan aprovechar tendrán más posibilidades de crecer. De eso se trata el libro: observar al mundo y poder generar una hoja de ruta que nos de confianza a los argentinos y también a los que nos miran.

- ¿Qué Argentina le gustaría ver en 10 años?

- Esta propuesta, plasmada en el libro, tiene como objetivo crecer al 3,5% anual con generación de empleo de calidad. Sueño con una Argentina con movilidad social ascendente. Para eso hay otro capítulo importante en el que propongo “conectar a los desconectados”: que todos los chicos del país tengan acceso a Internet y a la educación en línea. Es central que esa movilidad social ascendente se base en una sociedad digital que genere más y mejores oportunidades para todos.

 

A continuación, un extracto de “Argentina primero”.

¿Puede volver a crecer la economía argentina?

En las últimas décadas, la Argentina ha oscilado pendularmente entre dos modelos de desarrollo, cuyos resultados han sido desalentadores. En ciertos períodos nuestro país decidió insertarse en el mundo aceptando los precios de productos que rigen en él, abriendo sus mercados financieros, y alentando el libre movimiento de capitales y la integración a los mercados internacionales. En aquellas oportunidades, el crecimiento se asoció a una expansión de los sectores en los que la Argentina cuenta con ventajas comparadas, tales como la agricultura. Este tipo de modelo fracasó sucesivamente en medio de recesiones, junto a niveles de desempleo y pobreza cada vez más profundos.

En otras etapas, optó por divorciar los precios de productos domésticos de los internacionales, sobrevaluar el peso de manera artificial junto con retenciones a las exportaciones, en tanto que el sistema financiero se aisló de los mercados globales. En esos períodos se favoreció la expansión de las actividades mercado-internistas por sobre el agro y los servicios globales. Este tipo de enfoque “hizo agua” en medio de una creciente inflación.

Este péndulo desalentador de nuestra economía se dio con gobiernos de distintos colores partidarios y en contextos internacionales bien diferentes

En las dos clases de modelos, los problemas estructurales se acentuaron con políticas fiscales permisivas e irresponsables. En el caso del modelo de inserción al mundo, el país se financió emitiendo deuda, con niveles crecientes de tasas de interés que agudizaron las recesiones. Mientras que, en el otro modelo, la financiación se hizo con emisión monetaria, que obligó a incrementar de manera sostenida el tipo de cambio nominal, generando saltos inflacionarios. En cualquier caso, los desbalances de cuenta corriente tuvieron un lugar preponderante en ambos modelos.

Este péndulo desalentador de nuestra economía se dio con gobiernos de distintos colores partidarios y en contextos internacionales bien diferentes. Por tanto, sintetizan dificultades estructurales complejas que solo pueden ir enfrentándose de manera sistemática y realista, a través de políticas públicas y acuerdos empresariales y sindicales consistentes. Esto exige lograr consensos básicos no solo entre la dirigencia política, sino también en el conjunto de la sociedad. Los lineamientos orientados a avanzar en un plan de desarrollo que aquí se presentan se enmarcan en este enfoque conceptual.

Tras un programa de emergencia que tiene como resultado una fuerte expansión monetaria y fiscal, el punto de partida debe ser un programa de “empalme”, que tenga como objetivo estabilizar a toda la política económica. Esto se alcanzará a través de la convergencia hacia un mismo objetivo en la política fiscal, monetaria y de ingresos, que deberán mostrar un sendero decreciente, simultáneo y compatible entre sí, balizando el camino y permitiendo “anclar” las expectativas de la población. La coordinación es esencial, ya que este esquema debe involucrar a todas las áreas competentes del Estado. De esta forma, el compromiso es efectivo por parte de todos. A esto debe sumársele un mecanismo de rendición de cuentas que permita evaluar y corregir desvíos. Una vez generado este esquema de trabajo, será necesario comprometer a todo el sector privado hacia la misma nominalidad, en particular en términos de precios y salarios.

Debe generarse una verdadera cultura de proyección hacia otros países que nos permita generar dólares genuinos. Será necesario encarar una política muy práctica, país por país, producto por producto, mercado por mercado

Para poner en marcha un programa de esta naturaleza, es clave invertir, innovar y exportar. Es hora de hablar de soluciones a través del impulso de las principales variables de la economía: deben expandirse el consumo, las exportaciones y la inversión, todo en conjunto y en forma sincrónica.

A fin de lograr estos objetivos múltiples, será necesario trabajar en herramientas no convencionales: una modernización tributaria que simplifique y reduzca la presión impositiva sobre las familias y las empresas, una reingeniería y desburocratización del sector público con la incorporación de inteligencia artificial para cambiar los procesos de gestión, junto a una revolución exportadora que proyecte nuestra producción hacia el mundo. En particular, debe generarse una verdadera cultura de proyección hacia otros países que nos permita generar dólares genuinos. Será necesario encarar una política muy práctica, país por país, producto por producto, mercado por mercado. Asimismo, este programa debe trabajar en acciones y políticas para atraer inversiones generando incentivos fiscales y crediticios que permitan iniciar un proceso de innovación liderado por la investigación y el desarrollo de nuevos productos.

Llevar adelante estas iniciativas requerirá apoyos mayoritarios de un amplio espectro político que muestre que este es un proyecto del país y no de una facción en particular. Asimismo, se deberá pasar de un programa de emergencia con el Fondo Monetario Internacional a uno nuevo con un horizonte que privilegie el equilibrio presupuestario, pero con la creatividad para generar estímulos que impulsen un desarrollo armónico y sustentable.

Es hora de hablar de soluciones a través del impulso de las principales variables de la economía: deben expandirse el consumo, las exportaciones y la inversión, todo en conjunto y en forma sincrónica

La economía argentina puede volver a crecer de manera sustentable y consistente, a tasas estables, sin sobresaltos. Lograr un incremento sostenido de nuestra producción por encima del 3% anual permitiría aumentar el ingreso por habitante en alrededor del 2% al año. Como consecuencia de ello, la meta de crecimiento sostenido para la economía que incorpora el presente programa se encuentra en estos niveles. En base a esa meta, y en función de un modelo de tres brechas (ahorro/inversión, externa y fiscal), proyectamos que para alcanzar un sendero de crecimiento sostenido se requiere que la inversión crezca cuatro puntos porcentuales por encima del promedio observado en lo que va de esta década, las exportaciones en 17% de la producción (tres puntos porcentuales por arriba de dicho período) y la inversión pública dos puntos porcentuales más que el promedio de 2011-2018.

Lograr este desempeño requiere contar con un esquema productivo acorde. Se trata de generar un sistema en el que los sectores agrícolas, industriales, energéticos y de servicios sean cada vez más complejos, creativos, y operen de manera competitiva e integrada al mundo. Ello requiere:

- incrementar la inversión (nacional y extranjera) en bienes y servicios que se vendan en el exterior y en infraestructura;

- alentar conductas empresariales innovadoras;

- propiciar una creciente interacción entre la economía del conocimiento y las actividades económicas tradicionales.

Se deberá pasar de un programa de emergencia con el Fondo Monetario Internacional a uno nuevo con un horizonte que privilegie el equilibrio presupuestario, pero con la creatividad para generar estímulos que impulsen un desarrollo armónico y sustentable

Con respecto a la inversión, nuestro país debe ampliar sus capacidades empresariales de la mano de la recuperación de la inversión productiva, nacional y extranjera. Así, y más allá de lo expresado anteriormente sobre aumentar la tasa de inversión, en lo que hace a la inversión extranjera directa (IED), si en los años noventa el país se ubicaba como tercer destino en importancia como receptor de capitales extranjeros en América Latina, desde el nuevo siglo la Argentina aparece como quinto en dicho ranking. De este modo, recuperar la participación en los flujos de inversiones externas que ingresan a la región implicaría pasar de los actuales 12.000 millones de dólares a unos 25.000 millones.

Más allá de la importancia de la inversión en sectores exportables, incrementar en cantidad y calidad la inversión en infraestructura, a efectos de ir cerrando la brecha (y reduciendo los sobrecostos que afectan a la producción derivados de la ineficiencia en este terreno), y perfeccionar el desempeño logístico son parte de la agenda de mejora de la competitividad. Será de fundamental importancia alcanzar un consenso para situar el gasto en infraestructura en el orden del 5% del total de la producción (fue 5,6% en los años noventa, para caer al 2,1% entre 2008 y 2015 y ubicarse en 2,5% en 2017).

La economía argentina puede volver a crecer de manera sustentable y consistente, a tasas estables, sin sobresaltos. Lograr un incremento sostenido de nuestra producción por encima del 3% anual permitiría aumentar el ingreso por habitante en alrededor del 2% al año

Por otra parte, la dinámica de crecimiento sostenido deberá estar acompañada de un mayor compromiso de la sociedad para con la innovación, elemento diferenciador de los países que han logrado transitar con éxito el camino del desarrollo. Los actuales niveles de inversión en Investigación y Desarrollo (I+D), que involucra toda acción abocada a incrementar la productividad y a crear nuevos productos más eficientes, son muy bajos en la comparación internacional, y la mayor parte de estos —escasos— esfuerzos son realizados por el sector público. Por ende, resulta necesario invertir más en I+D, y que el sector privado participe en mayor medida de este esfuerzo.

De este modo, para promover esta inversión debe contarse con políticas claras y estímulos al sector privado sostenidos en el tiempo. La brecha tecnológica respecto de otros países no solo nos lleva a dificultades para competir con nuestros productos en el mundo, sino que limita nuestro potencial. Más aún, esta distancia se amplía año a año, por lo que se hace preciso fomentar el desarrollo de actividades de alto valor agregado con potencial, a la vez que es clave desarrollar y modernizar las instituciones que conectan la investigación con el sector privado.

Recuperar la participación en los flujos de inversiones externas que ingresan a la región implicaría pasar de los actuales 12.000 millones de dólares a unos 25.000 millones

En función de ello, se promueven acciones específicas para avanzar en estos objetivos. Del lado público, se prevé establecer una regla de inversión estatal en I+D de carácter procíclico, que habilite un incremento continuo de 0,05%/ de la producción total en los años de crecimiento mayor o igual al 3%, durante quince años. Para fortalecer o impulsar la inversión privada se prevé la desgravación parcial del Impuesto a las Ganancias de los montos que las empresas destinen a ello, cuando estos representen más del 5% de la facturación total.

En materia de inserción internacional, nos caracterizamos por bajos niveles de importaciones y exportaciones comparados con la producción total, ubicándonos entre las economías más cerradas del mundo. Si bien a lo largo de las últimas décadas el negocio exportador comenzó a presentarse como una actividad estratégica de un creciente número de empresas, la performance observada por las ventas de nuestro país al mundo registra escaso dinamismo, aun en comparación con otras economías de América Latina.

Es precisa una modernización tributaria que simplifique y reduzca la presión impositiva sobre las familias y las empresas, y una reingeniería del gasto público con la incorporación de tecnologías de la información para mejorar y transparentar la gestión

Desde el punto de vista de la política exportadora, es necesario ejecutar tres medidas prioritarias: la revisión del arancel externo (ajustando la protección que efectivamente recae sobre un producto para desarrollar más y mejores bienes); el mejoramiento de los instrumentos financieros para el sector (mediante una Agencia de Seguro de Crédito a la Exportación, orientada a las necesidades de las empresas exportadoras de bienes y servicios); la rebaja de costos y la simplificación normativa para reducir costos operativos. En forma complementaria a estas medidas, se propone, entre otras acciones, la focalización de las negociaciones internacionales y las acciones de promoción comercial: con América Latina (para abrir mercados en manufacturas y alimentos); con Asia y África para alimentos (enfatizando normas técnicas y sanitarias, registros, estándares); la creación de un fondo para el desarrollo de mercados y difusión de marcas y diseño; el impulso al desarrollo de cadenas de valor exportadoras en base a recursos naturales, servicios basados en el conocimiento y productos industriales.

En simultáneo, es precisa una modernización tributaria que simplifique y reduzca la presión impositiva sobre las familias y las empresas, y una reingeniería del gasto público con la incorporación de tecnologías de la información para mejorar y transparentar la gestión. Así, surge la necesidad de contar con bienes públicos de mucha mayor calidad que los actuales y garantizar un financiamiento equitativo por parte de la sociedad. Además, es necesario reducir la evasión y la elusión fiscal y avanzar hacia una estructura tributaria más justa y menos distorsiva, que traccione la inversión y la generación de empleo en el sector privado.

Para ello, nuestro enfoque busca promover la creación de regímenes laborales especiales en los sectores mayormente informales, tales como indumentaria y juguetes, entre otros, y una reducción importante de los impuestos distorsivos (en particular, Ingresos Brutos y Cheque) y su reemplazo por impuestos de mayor “calidad”.

sábado, 17 de octubre de 2020

ARGENTINA, ¿UN PAÍS SIN FUTURO?

Carlos De Angelis Sociólogo

Uno de los problemas más serios e invisibles que tiene hoy la Argentina actual es la impresión de que se ha secado la generación de grandes ideas. Por ideas aquí no nos referimos a la idea personal, al emprendimiento individual que es muy valioso pero que se quema en la lava del volcán de la grieta y la incertidumbre político-económica. La referencia es a la idea de la “comunidad imaginada” para ponerlo en términos de Benedict Anderson, un retorno a los grandes proyectos transformadores que convoquen a la sociedad en pos de un futuro posible. Hoy, este concepto suena desde naïve hasta absurdo.

Chusmerío de barrio.

Las discusiones planteadas en los artículos periodísticos (los que suelen tener más extensión y argumentos) pero también en los análisis radiales y televisivos que “garpan” son los que presentan en su título alguna referencia a Cristina Kirchner, del estilo “Ella es la que gobierna”, “Alberto se cansó de Cristina”, o cosas del estilo. También para levantar la recepción se puede poner en sus términos al ex presidente con el estilo “Macri rompe el silencio” o “Macri levantó a Cornejo para opacar a Rodríguez Larreta”. No es que no se deba hablar sobre los líderes políticos, ni mucho menos, si no que la discusión pública que alimenta a las redes sociales y que impregna a una parte de la sociedad, la más politizada e intensa, no logra salir de una simplificación extrema del drama político argentino.

En este sentido, se puede suponer que hay un goce y un disfrute allí por parte de la audiencia. Plantear todo el debate en términos bélicos parece generar las endorfinas de una serie danesa, mientras que toda forma de expresar ideas para sacar al país de su estancamiento secular causa la somnolencia de un documental de ositos panda.

¿Todo tiempo pasado fue mejor?

Por alguna extraña alquimia de la razón política parece ser que los grandes proyectos nacionales fueron los que se plantearon en el siglo XIX. Julio Argentino Roca, Domingo Faustino Sarmiento, Juan Bautista Alberdi o la generación del 1880 quedaron en el inconsciente colectivo como los promotores de un modelo de país, polémico, discutible o incluso elitista o probritánico (como intentó demostrar el revisionismo más tarde) pero un modelo al fin.

Algo en qué creer. Inclusive un personaje tan particular como Sarmiento, un emblemático antirrosista y desterrado varias veces en su vida, parece haber sido redescubierto por el progresismo de hoy. La legislación que promovió el “loco” (como lo llamaba Urquiza) tanto como gobernador de San Juan (1862-1864) y como presidente de la Nación estableciendo la educación pública, gratuita y obligatoria (1868-1874) fueron la piedra angular de un proyecto unificador nacional y una comunidad lingüística consolidada.

Sarmiento era liberal por convicción, pero no dudó en aprobar una ley de subvenciones para financiar a la escuela pública. Era una lucha sin cuartel con la Iglesia que tenía hasta esos momentos casi el monopolio de la educación, entre otras facetas de la vida social argentina.

El final de las narrativas.

Durante el siglo XX se plantearon dos proyectos o paradigmas principales: el peronista y el frondicista o desarrollista. Son más cercanos en el tiempo, pero no por eso menos discutidos. El peronismo planteó una dualidad (finalmente incompatible) entre el desarrollo de una industria pesada impulsada desde el Estado y el consumo popular, junto con la generación de derechos de los trabajadores. Estos últimos dos elementos le permitieron trascender a su tiempo.

El frondicismo promovió un desarrollo centrado en la introducción del capital trasnacional en la economía argentina. Era una época donde el país podía ser un imán para el capital productivo de las grandes corporaciones del mundo, aun en un entorno de alta conflictividad política por la proscripción del peronismo y la existencia de un sindicalismo combativo. Quizás con Frondizi se terminaron los grandes relatos sobre un proyecto de país.

Raúl Alfonsín primero urgido para sostener las instituciones democráticas y contener la sedición militar, por necesitar luego contener el dólar y la inflación desbordante no encontró espacio para su “tercer movimiento histórico”. La excepción fue la propuesta de traslado de la capital a Viedma-Carmen de Patagones que además de fallida, inauguraba la mutación de las grandes narrativas hacia los megaproyectos.

No hay dudas que luego Carlos Menem traería una modernización acelerada tardía y desordenada pero que escondía un nivel de descomposición social impresionantes cuyos efectos son evidentes en el día de hoy. La era de la urgencia.

Se abre la discusión si la década larga kirchnerista generó algún proyecto de desarrollo económico integrado, pero sobre todo perdurable en el tiempo más allá de intentar la distribución de parte de la renta agropecuaria hacia los caídos en la pobreza de los 90. En algún momento Cristina planteó la posibilidad de construir un tren bala que uniera Buenos Aires con Mar del Plata. La sociedad ya para ese entonces no estaba ni siquiera para grandes proyectos.

Mauricio Macri trató en sus comienzos en arroparse en las simientes desarrollistas, pero finalmente su proyecto quedó en buscar dar marcha atrás a las políticas kirchneristas. Una propuesta que pareció propiciar cierta actualización fue la incorporación de empresas de aviación low cost, pero pobremente implementada. Hoy más que nunca parece imperioso plantear una directriz de modernización para la Nación, aun cuando las palabras progreso y desarrollo (y mucho menos planificación u orden) están excluidos del diccionario político argentino.

Se puede argumentar con cierta lógica que la situación nacional y el contexto internacional no están para planteos estratégicos. Es más, todo proyecto que se piense a más de unos pocos meses puede ser catalogado de mesiánico y pomposo, pero su otro extremo, estar en emergencia permanente, cancela el espacio del largo plazo y genera el efecto desaliento. Se instala la idea de que los proyectos personales y familiares no tienen espacio de ser desarrollados en estas tierras. En pocas palabras, un país sin futuro. *Sociólogo (@cfdeangelis) (Fuente www.perfil.com).

EL CAPITAL HUMANO Y LA EDUCACIÓN, CLAVES

El capital humano y la educación, claves

Mauricio Grotz. El enfoque de la productividad inclusiva dice que, a más saber, más crecimiento.17 de octubre de 2020

A principios del siglo XX, la Argentina se destacó por su movilidad social ascendente y la imagen de un país donde el progreso era posible: la "excepcionalidad argentina", caracterizada por el crecimiento económico y la inclusión. Estos pilares fueron socavados paulatinamente por una performance económica que se tornó errática al compás de vaivenes políticos e institucionales y crisis recurrentes. La pobreza, antes un fenómeno pasajero, se transformó en un problema grave y persistente. Basta revisar la evolución de los números de pobreza, desempleo y distribución del ingreso para advertir cómo fue irrumpiendo la exclusión en las poblaciones en situación de vulnerabilidad, a pesar de algunos períodos -breves o intermitentes- de crecimiento económico.

Se acumulan ya demasiadas décadas sin que la sociedad sea testigo de períodos de progreso sostenido que permitan romper los mecanismos que retroalimentan la exclusión. Las tendencias recientes no pronosticaban un porvenir auspicioso, y el Covid-19 no ha hecho más que potenciar los obstáculos.

¿Cómo revertir el proceso para mejorar los estándares de vida de las personas en situación de pobreza y sus descendientes? Parte de las respuestas están asociadas con la productividad.

"La historia de la productividad es en esencia el registro de los esfuerzos del hombre para salir de la pobreza", dijo en 1961 John W. Kendrick, economista estadounidense pionero en estudiar y medir la productividad. La frase resume el espíritu del proyecto "Productividad Inclusiva", del IAE-Business School y la Facultad de Ciencias Empresariales de la Universidad Austral y explica por qué la temática fue cobrando relevancia.

Una de las dimensiones del proyecto se relaciona con la "productividad total de los factores", un indicador no ajeno a controversias, pero que intenta reflejar la eficiencia en el uso de los recursos productivos. Existen múltiples formas de incrementar esa eficiencia y mecanismos que fomentan el crecimiento y cómo "agrandar la torta". Entre ellos, además de la tecnología y la innovación, nuestro foco es el capital humano (en especial la educación). La idea es simple, mientras más sabemos, producimos más y mejor.

Estudios previos en la Argentina señalan el uso ineficiente de sus recursos y los principales hallazgos atribuyen las dificultades de crecimiento al menor esfuerzo en promover la inversión productiva con episodios de recuperación atribuibles al uso de capacidad instalada ociosa. Ante esta insuficiencia, el premio Nobel de economía Finn Kydland predijo en 2004 un largo período de pobreza y crecimiento de la desigualdad. En las últimas tres décadas, el aporte promedio de la productividad total de los factores al crecimiento ha sido nulo, lo cual indicaría no solo ineficiencia, sino también escasa innovación tecnológica. Análisis similares para América Latina han dado lugar a un nuevo argumento: el problema es la falta o pérdida de capital humano.

 Existe un amplio consenso en que la educación es clave para el crecimiento económico y los primeros avances de nuestro proyecto, que compilan estudios sobre cómo el capital humano afecta la eficiencia productiva, confirman un claro efecto positivo. Profundizar en esta temática es vital porque la educación es vista como una luz a seguir para salir de la pobreza, pero es probable que no sea suficiente en todos los casos, sobre todo allí donde la pobreza está arraigada y la pandemia ha agravado el acceso a la educación.

La excepcionalidad argentina hoy no es la inclusión social y el progreso, sino tener record de inflación, problema casi resuelto en el resto del mundo, pero reincidente aquí, con efectos severos en los sectores más vulnerables. Se requiere un cambio de estrategia de largo plazo para torcer el rumbo, crecer y reducir la pobreza. Esperamos que un enfoque desde la productividad inclusiva contribuya a esta transformación.

Economista, magíster en Ciencias Políticas; Facultad de Ciencias Empresariales, Universidad Austral

PRODUCTIVIDAD INCLUSIVA, CLAVE PARA LA ARGENTINA

Juan J. Llach. 17 de octubre de 2020

Ya antes de la pandemia, y ahora más, eran muchos los países necesitados de aumentar su productividad y de más y mejor inclusión. Ambas cosas son complementarias porque, sin inclusión, la política o la sociedad cuestionan la productividad y, sin ella, la inclusión no es financiable.

Para abordar este problema en la Argentina, conviene inscribirlo en un marco global. La gran recesión de 2008, que siguió al estallido de la burbuja inmobiliaria en Estados Unidos, pegó fuerte en la productividad de los países avanzados, que ya en los años ochenta mostraban aumentos de la desigualdad por menor participación de los asalariados en el producto bruto interno (PIB), por el aumento de la concentración de los ingresos en el 1% y el 1 por mil de la población y por los cambios tecnológicos de la "cuarta revolución industrial".

La Revolución 4.0 impacta en el trabajo 

En la última década se acentuaron los reclamos de soluciones inmediatas a las desigualdades y creció el populismo en Europa y en Estados Unidos, alentado por el nacionalismo, el sentimiento antiinmigración y aun el racismo. Aquí entendemos por "populismo" la demanda de soluciones inmediatas con independencia de sus costos futuros.

Entretanto, desde 1990 muchos países emergentes afianzaban su liderazgo en el crecimiento económico global, con China y otros países de Asia a la cabeza. También mostraban una fuerte reducción de la pobreza, aunque no de la desigualdad, e iniciaban un camino de convergencia hacia del nivel de vida de los desarrollados, probablemente más corto que la divergencia anterior, que duró 500 años. América Latina disfrutó solo en parte esta bonanza, a punto tal que, en el siglo XXI y pese al "viento de cola", fue la región del mundo que menos creció.

El capital humano y la educación, claves

El liderazgo de los emergentes se da también en el crecimiento de la población, al que aportarían nada menos que el 97% en las próximas dos décadas, la mitad en África. En el entorno globalizador vigente, con rápido aumento del comercio internacional, muchas regiones manufactureras del mundo desarrollado perdieron posiciones respecto de China y otros asiáticos, erigiéndose en baluartes de la de la antiglobalización. Ante este cuadro, cabe preguntarse si ella continuará, más aún en la pospandemia. Nuestra visión es que la globalización seguirá en pie, acotada, pero sin retroceder al proteccionismo. En ese marco, potenciado por un gran endeudamiento, es probable que el crecimiento sea menor, incluso en los emergentes, aunque sin perjudicar su liderazgo. La Argentina tendrá oportunidades, sin vientos de cola ni de frente a la vista.

Desafíos para la Argentina

En nuestro país, la productividad por persona ocupada cae desde hace diez años, debido principalmente al derrumbe de la inversión en capital físico, de 19,5% del PIB en 2007 a solo 11,5% en 2019 y, Covid-19 mediante, a 10% en 2020, la menor desde 1950. En teoría, la productividad podría haber aumentado con una performance estelar del capital humano, pero no ocurrió. Comparando ocho indicadores de educación de la Argentina con países latinoamericanos -desde la escolarización hasta el aprendizaje, pasando por la doble jornada o la graduación- nuestro país es superado por cinco o seis naciones, algo sin precedentes. La inversión en capital humano no fue el precio necesario de un aumento de la inclusión, y el deterioro de la educación respecto de países latinoamericanos se observó también en indicadores de pobreza, salud, vivienda, nutrición y empleo formal. Por caso, nuestra esperanza de vida al nacer (76,5 años) ya es menor que la de seis países de América Latina, algo inédito.

La propuesta

¿Qué hacer ante tamaños desafíos? En el IAE y la Facultad de Ciencias Empresariales de la Universidad Austral comenzamos en 2018 un proyecto permanente de investigación de la productividad inclusiva (PI), que comprende diagnósticos y políticas. Nuestras propuestas se asientan en un trípode: inversión, empleo e inclusión. Es decir, invertir en capital físico y humano, para aumentar así la productividad y el empleo formal, y combatir la pobreza y mejorar otros aspectos de la inclusión.

Esas orientaciones bastarían en un país menos complejo, pero no en la Argentina. Padecemos demasiados males, inexistentes en casi todo el mundo. Varios de ellos implican una ruptura del contrato fiscal entre los ciudadanos contribuyentes y el Estado: alta inflación y déficit fiscal crónico, gasto público, presión tributaria y evasión muy elevados, carga impositiva regresiva y desalentadora de la inversión y las exportaciones, además de ser el país más bimonetario del mundo. La PI necesita que estos problemas sean superados. Emprender un rumbo en el sentido de nuestro trípode también ayudaría a superar los mencionados desafíos macroeconómicos. Por caso, el camino genuino para resolver la escasez de divisas es un salto duradero del saldo comercial externo por mayor inversión orientada a las exportaciones, para depender así menos de sus precios o de la demanda y más de la productividad aumentada por la inversión.

Además de necesitarse mutuamente, productividad e inclusión solo pueden sostenerse si se basan en acuerdos políticos y sociales sólidos. Muchas de las políticas pro-PI requieren más de un período presidencial, por lo que su eficacia depende de una continuidad rara vez observada en la Argentina. La grieta política actual dificulta o impide los acuerdos, y harán falta estadistas para lograrlos. En nuestra historia existen algunos casos de interés. Perón los intentó en su segunda presidencia, convocando a un congreso de productividad y bienestar social que arribó a algunos acuerdos, pero naufragó por el violento clima político de 1955. En las circunstancias críticas de la crisis de 2002 tuvo lugar el Diálogo Argentino, que llegó a muy buenos acuerdos, también inviabilizados por cuestiones políticas. En 2017, en fin, se acordó y se hizo ley una sólida reforma tributaria, pero la crisis la dañó y fue prácticamente abandonada ahora. En fin, las mesas sectoriales recién convocadas no tienen alcance suficiente para lograr la productividad inclusiva.

¿Reactivación o crecimiento?

Hoy se discute, sordamente, si el camino para salir de la crisis es reactivar la economía o apuntar al crecimiento. Quienes apoyan la reactivación apuestan al liderazgo del consumo y el gasto público. El problema de esta alternativa es que, tarde o temprano, suele terminar en crisis fiscales y externas. Nuestra propuesta de la PI sugiere que el camino más eficaz y menos riesgoso es un crecimiento compatible con la reactivación, cuyo corazón es impulsar la demanda con protagonismo de la inversión en capital físico y humano y vinculada a las exportaciones. Eso favorece una mayor creación de empleos formales y una generación de divisas más sostenible. La inversión requiere un cambio cultural de la sociedad que lleve a confiar en el futuro del país, no solo con grandes proyectos, públicos y privados, sino también con la refacción o ampliación de la casa, el taller o la oficina, las obras municipales y hasta la ambición personal de graduarse en la universidad, en la secundaria o en un oficio. Todo eso reactiva y contribuye a la PI, simultáneamente.

El rumbo es crucial

¿Hacia dónde marcha la Argentina? Muchos se formulan esta pregunta, aún sin respuesta. El Gobierno declina decirlo y tampoco da señales de estar planteándoselo. No advierte que ese mutismo es un gravamen para el país, más aún cuando, erráticamente, se anuncian estatizaciones o expropiaciones sin fundamento que coexisten con el fenómeno de empresas que se van del país o reducen sus operaciones en él. Se puede creer más o menos en el rol del Estado en la economía, pero es muy costoso desconocer sus crónicas recaídas en la insolvencia.

Actuar erráticamente es aún más dañino en un contexto tan incierto como el de la pandemia. En contraste, el anuncio de un rumbo fundado y creíble podría atraer capitales que, además de sus efectos positivos sobre la inversión y el crecimiento, acarrearían divisas productivas e impulsarían la propensión al gasto y a alargar los horizontes de planeamiento. En otras épocas, el rumbo se escribía en un plan de desarrollo, en varios tomos, casi siempre incumplido. No se propone aquí volver a ese pasado, pero sí hay que tener metas, plazos, costos y beneficios de las acciones y políticas del Estado.

Políticas para la inclusión

Ilustraremos nuestra visión de la PI mencionando algunas de las políticas generales analizadas en el proyecto, buena parte de ellas más urgentes por la pandemia. No se incluyen aún propuestas sectoriales.

Productividad del Estado. El sector público debe dejar de ser una caja negra y, cumpliendo parte del contrato fiscal, debe publicar un informe anual, en los tres niveles de gobierno, que muestre su producción y productividad. Entre ministerios, secretarías y subsecretarías, el Estado nacional tiene 274 organismos, además de una treintena de gabinetes de asesores. Un volumen inexplicable, contrario a la productividad y a la inclusión de los más necesitados.

Información. Pese a los progresos del Indec, todavía debe mejorarse sustancialmente la información. Un ejemplo es corregir la subdeclaración de ingresos en las encuestas de hogares, que subestiman la desigualdad y sobreestiman la pobreza, sin negar la gravedad de ambos males en la Argentina de hoy.

Más y mejor inversión en capital humano. Como ninguna otra, esta inversión aporta al mismo tiempo a la productividad y a la inclusión y es el núcleo central de la PI en un país como la Argentina. Posible instrumentos son una nueva ley de financiamiento educativo, vinculado a metas; fortalecer el combate contra la desigualdad educativa, con escuelas ricas de jornada extendida para los más pobres; continuidad de las evaluaciones censales, con devolución de resultados a las comunidades educativas para la mejora escolar; un nuevo contrato docente, con incentivos a los logros, optativo para quienes ejercen y obligatorio para los ingresantes; especialización de los institutos de formación docente; jerarquizar la preparación para el trabajo en la educación primaria, media, terciaria y en la formación profesional; inducir más vocaciones en ciencias duras y tecnologías; en el nivel superior, informar a los estudiantes las perspectivas de las profesiones que eligen (como se hizo en el año 2000); mejorar la articulación con el secundario; aumentar la cantidad de becas, financiadas con un impuesto a los graduados (como en Entre Ríos o en Uruguay) y mejorar continuamente su pertinencia, arraigo y relevancia, identificando las áreas de vacancia por regiones.

Mejor y mayor inversión en ciencia y tecnología, basada en un nuevo plan estratégico, con asignaciones crecientes a las áreas prioritarias. Junto a un rumbo claro del país, esto podría ayudar a reducir la fuga de cerebros que nos afecta, erráticamente, desde hace décadas.

Empleos formales y personalización. Para ser tal, la PI debe aumentar la productividad sin reducir el empleo. Un camino relevante para eso es bajar el costo laboral no salarial, que en la Argentina supera en dos tercios a los de los países desarrollados. Eso facilitaría la formalización de muchos trabajadores, algo esencial para la PI. También es esencial reemplazar los planes sociales permanentes, salvo la AUH, por capacitaciones laborales personalizadas con posterior acceso de sus beneficiarios al empleo formal.

Nutrición y salud. En la Argentina pre-Covid era mucho mayor la malnutrición que la desnutrición. Este problema mejoraría si la tarjeta alimentaria vigente tuviera descuentos mayores para los alimentos más nutritivos. La salud es otro componente esencial de la inclusión. El acceso a ella podría facilitarse, gradualmente, con una cobertura universal y una solución financiera para el PAMI, muy compleja.

Otras inclusiones en mora. En la agenda pendiente del proyecto PI figuran las dificultades que se oponen a la plena realización de las mujeres y de otras minorías, por ejemplo, en el mercado laboral; también, las desigualdades intergeneracionales, en especial la previsional y la ambiental, ambas muy postergadas. Está pendiente además la esencial cuestión de la vivienda digna.

Una menor desigualdad requiere, además de las políticas mencionadas, un impuesto a las ganancias realmente más progresivo y una sustancial mejora de los impuestos patrimoniales, sin duplicaciones y generadores de inversión.

Políticas para crecer

La previsibilidad, esencial para la inversión, requiere seguridad jurídica protegida por un Poder Judicial independiente, un tema todavía no resuelto en la Argentina.

Respecto de la inserción en el mundo, no se conoce la agenda externa de la Argentina, crucial para el crecimiento y para la PI. Ella debe contemplar volver a poner en valor el Mercosur, lograr su ampliación, persistir en el acuerdo con la Unión Europea y promover un mayor acercamiento a África y Asia, los continentes con mayores perspectivas de crecimiento. China es, por cierto, un socio estratégico, pero sería erróneo erigirlo en "salvador".

Carga impositiva. Tal como establecían los acuerdos legislados en 2017, aumentar la inversión requiere reducir la altísima carga tributaria que castiga a la producción y las exportaciones, Hasta tanto se recupere espacio fiscal para restablecerlos, pueden licitarse cupos de las rebajas allí previstas, otorgándolos a quienes más inversión comprometan y más empleo y divisas generen por peso de impuestos rebajados.

Protección arancelaria. Otro modo de incentivar la inversión y las exportaciones es integrar gradualmente la economía argentina al mundo, dando carácter contractual a la protección arancelaria, con magnitudes y plazos que dependan de la inversión comprometida y de los acuerdos comerciales que logre la Argentina.

Economía del conocimiento. El país cuenta todavía con una dotación de capital humano con potencial para diversificar la producción y las exportaciones mediante la creación de empleos calificados. El Congreso aprobó recientemente una nueva, y polémica, versión de la ley respectiva. Es casi seguro que atraerá menos inversión y empleos que la anterior. Un error común a ambas leyes es no incluir a toda actividad económica que genere empleos de científicos, profesionales o técnicos, o que patente descubrimientos.

Empresas y trabajadores

En una sociedad de economía mixta como la nuestra, la PI requiere el concurso de los trabajadores, los empresarios, las empresas como organizaciones y el Estado. Hay quienes avizoran que en la pospandemia surgirá una nueva institucionalidad socioeconómica. No lo sabemos, pero lo vemos poco probable. Sí es seguro, en cambio, que la PI no solo requiere mucha mejor calidad de políticas públicas. También necesita una renovación de las empresas, de la calidad de sus prácticas de management y de la integración y la participación de los trabajadores, para construir así organizaciones empresarias que aporten más y mejor a la productividad inclusiva.

Sociólogo y economista

domingo, 27 de septiembre de 2020

THOMAS FRIEDMAN: SI GANA TRUMP, TENDREMOS ALGUNA FORMA DE GUERRA CIVIL EN EE.UU.

Thomas Loren Friedman es un periodista y escritor estadounidense, tres veces ganador del Premio Pulitzer. Es columnista de The New York Times.Thomas Loren Friedman es un periodista y escritor estadounidense, tres veces ganador del Premio Pulitzer. Es columnista de The New York Times. Fuente: Archivo - Crédito: Silvana Colombo

Hugo Alconada Mon. 26 de septiembre de 2020

¿El vaso medio lleno, según Tom Friedman, el legendario analista internacional de The New York Times? "La pandemia puede ser la mayor creación destructiva de todos los tiempos. Veremos aparecer empresas nuevas e increíbles".

¿El vaso medio vacío, según el tres veces ganador del premio Pulitzer? "Estamos en el momento más peligroso para la democracia estadounidense de toda la historia". ¿Y eso qué puede importarle a quienes no viven en Estados Unidos? Mucho, explica Friedman a LA NACION, por todo lo que ese país significó para el mundo desde la Segunda Guerra Mundial.

"¿Quién diablos querría emularnos hoy?", desafía, para luego trazar la que considera la hoja de ruta para el desarrollo. "Estados Unidos debe volver a lo que lo hizo grande: a las inversiones inteligentes en educación e infraestructura, a una ética protestante de trabajo duro, a investigaciones financiadas por el gobierno, a fijar las reglas correctas para incentivar la toma de riesgos, evitando al mismo tiempo la temeridad, y a fomentar la inmigración para atraer a los emprendedores que estén dispuestos a arriesgarse, a los más activos y de alto coeficiente intelectual del mundo. Eso es lo que importa, seas la Argentina o Estados Unidos", plantea.

"Porque si no tienes la base correcta, nada más importa", insiste. "Sea Estados Unidos o la Argentina, mejor que estemos construyendo cimientos realmente sólidos porque el mundo será más inestable de lo que era".

-¿Qué es lo que más le preocupa durante esta pandemia, excluyendo muertes y contagios?

-Que estamos teniendo nuestra segunda guerra civil en Estados Unidos. Comencé mi carrera cubriendo la segunda guerra civil en el Líbano; nunca pensé que terminaría mi carrera cubriendo la segunda guerra civil en Estados Unidos. Pero ahí es donde estamos. ¿Tenían los estados del sur el derecho soberano de separarse de la Unión? El presidente Lincoln reafirmó que no y lanzó la Guerra Civil para evitarlo. Pero también se trató de una cuestión cultural y moral. ¿Tenía la mayoría blanca el derecho de esclavizar a la minoría negra? Ahora, nuestra segunda guerra civil es por una cuestión cultural subyacente: ¿Cuál será la relación entre la nueva mayoría minoritaria en Estados Unidos y la próxima minoría blanca? Esa transición ocurrirá alrededor de 2045. Y a eso se suma una pregunta estructural: ¿Cuál es la relación entre la política y las cosas de las que se supone que trata la política?

-¿Puede expandirlo?

-La política no puede tratar sobre sí misma. No podemos tener derecha e izquierda discutiendo por discutir. Pero, ¿qué pasa cuando todo se vuelve política? Están discutiendo sobre la pandemia. ¿Cuándo se convirtió en algo político llevar un tapabocas? ¿Cuándo se convirtió en algo político mantener el distanciamiento social durante una pandemia? ¿Cuándo se convirtió el cambio climático en algo político? Si todo se convierte en discusión política, no puedes tener una democracia que funcione. La política tiene que tratar sobre el bien común. Pero, ¿qué pasa si no podemos definir el bien común? ¿Y si hemos destruido a los adjudicatarios del bien común, como los tribunales? Cuando todo se vuelve política, se acaba la política y es el fin de la democracia. Eso está pasando aquí, en Estados Unidos, y es lo que más me preocupa.

-¿Puede darse una verdadera guerra civil?

-Cuando presionas, presionas y sigues presionando y dejas a la gente con la sensación de que le estás cambiando las reglas de forma permanente y que nunca podrán revertirlo, realmente estás cortejando la violencia. No sé qué pasará. Pero vivo en un país donde mucha gente tiene armas. ¡Alguien envió veneno al presidente [Trump] hace unos días! Creo que la gente realmente se está acercando al límite y estoy extremadamente preocupado por eso. Encima, todo esto está inflamado por las redes sociales, cuyo verdadero modelo de negocios es enfurecer a la gente y destruir la verdad. Entonces, cuando juntas todo esto, cuando tienes plataformas como Facebook donde pueden circular teorías conspirativas y un presidente que erosiona aún más la política... creo que estamos en el momento más peligroso para la democracia estadounidense de toda la historia.

-¿Qué avizora como escenario post-pandémico? Sus columnas denotan preocupación por el cambio climático, los efectos de las redes sociales o el cisma entre Estados Unidos y China...

-Creo que el cambio climático es el problema número uno... Llamémoslo el "desafío sanitario". Porque estamos en medio de dos problemas sanitarios. Por un lado, porque la pandemia fue provocada por la destrucción del medioambiente a medida que China avanzó sobre áreas hasta entonces silvestres, destruyendo ecosistemas y dejando especies como murciélagos, ratas y primates sin sus predadores naturales. Estos animales evolucionaron con sus propios virus, y uno de esos virus resultó ser el Covid19. Cuando los vendieron en los mercados, invitaron al virus a pasar a los humanos. Eso es lo que pasó. Pero eso se combina con el segundo problema sanitario: estamos viendo incendios forestales y tormentas de proporciones bíblicas en California, por ejemplo, que demuestran que la madre naturaleza está en la boleta electoral de Estados Unidos en 2020.

¿Cómo es eso?

-La diferencia entre Joe Biden y Trump es muy clara. Lo que hace Trump con la salud y el medioambiente es enfrentarlos. Plantea que puedes usar un barbijo o puedes tener un trabajo. Puedes enviar a tu hijo a la escuela o puede usar un tapabocas. Enfrenta a la ciencia con la economía. Con Trump la ecuación es siempre tu dinero o tu vida. Por el contrario, Biden y otras personas cuerdas dicen: "No, no es una cosa o la otra; ¡son ambas!". Si usas un barbijo, puedes tener un trabajo, puedes volver a trabajar antes. Y la forma de ir a la escuela es usando un tapabocas. Entonces, para Biden, es tu dinero y tu vida, si eres inteligente. Ese es el contraste entre ambos.

-En sus columnas de los últimos dos años es notable cómo una y otra vez remarca la falta de liderazgo en Estados Unidos y en el ámbito internacional. ¿Cuáles son sus consecuencias?

-No hay duda de que otro subproducto de las redes sociales es el aumento en la toxicidad de entrar en la política. Eso acentuó esta increíble "selección negativa" que tenemos hoy para entrar en política y nos lleva a seleccionar a un sociópata como Donald Trump y a un veterano como Biden. ¡Vamos! Sea en Argentina o en Estados Unidos, ambos conocemos a gente joven e inteligente. Los vemos y pensamos: "¡Wow! ¿Por qué no se postula ella para presidente?", "¿Por qué no está él compitiendo?". ¿O no? Pero ambos sabemos la respuesta: porque involucrarse en política es muy tóxico, es muy feo. La gente puede decir cualquier cosa sobre vos, puede destruir tu vida. Entonces obtienes una selección negativa. Es lo que estamos obteniendo en todo el mundo. Obtienes a [Jair] Bolsonaro, obtienes a [Vladimir] Putin, a [Rodrigo] Duterte en Filipinas. Son las únicas personas que pueden hacer frente al destrato y a las difamaciones que conllevan una carrera política.

-El año pasado abogó por el juicio político contra Trump y planteó que estas elecciones presidenciales podrían conllevar el fin de la democracia en Estados Unidos; y en julio de este año destacó que Trump puede ganar. Eso: ¿Y si gana Trump?

-Si Trump gana, se sentirá completamente libre de ataduras. Sentirá que los votantes lo validaron a pesar de todas las cosas que hizo, como lo de Ucrania [en alusión a la presión que ejerció sobre el gobierno de ese país para que promoviera teorías conspirativas contra Biden y el Partido Demócrata], entre otras acciones. Estados Unidos, tal y como lo conocemos, no será el mismo. El daño que causará a nuestras instituciones y a la política será demasiado grande. Tendremos alguna forma de guerra civil. No será una guerra civil caliente, pero se pondrá muy, muy feo en Estados Unidos.

-En semejante contexto, ¿cuál es la salida para Estados Unidos y otros países que afrontan una polarización creciente, dificultades económicas y sociales y tanto más? ¿Reafirma las premisas de disrupción, innovación, creatividad y versatilidad, entre otras, que expuso en su libro La Tierra es plana? ¿O esta pandemia trastocó esas pautas?

-La pandemia nos está trayendo destrucción creativa con esteroides. Ya está pasando y vamos a experimentar ambas facetas de esa expresión schumpeteriana de una manera muy clara y muy potente. Primero, porque nunca antes hubo tantas personas con acceso a herramientas baratas de innovación como hoy. Nunca. Y jamás ocurrió esto con tasas cero de interés [en Estados Unidos, Japón y Reino Unido, entre otros]. Y nunca hubo, tampoco, tantas personas en condiciones de acceder a computadoras de IBM o Microsoft como ahora. Entonces, cuando se juntan esos tres factores y, por el otro lado, una cantidad increíble de problemas de salud, laborales y educativos, se da todo para una explosión de destrucción creativa. La pandemia puede ser la mayor creación destructiva de todos los tiempos. Veremos aparecer empresas nuevas e increíbles. Y veremos que algunas de las grandes empresas tradicionales terminarán aplastadas. Va a pasar; la pandemia solo lo está acelerando.

-¿Es de algún modo, y pese a todo, optimista?

-Suelo ser optimista porque uso muchas drogas [risas] Es un chiste. No tuitees eso [risas; luego cambia el tono de su voz]. Me resulta muy difícil ser optimista en este momento. El mundo como lo conocemos desde la Segunda Guerra Mundial ha disfrutado de mucha prosperidad y mucha paz en términos generales. Se registraron episodios de tremenda violencia y tenemos focos terribles de pobreza, sí, pero el mundo ha mantenido una pendiente ascendente. Eso se debió a que hubo un Estados Unidos saludable que promovió las instituciones, que tomó la iniciativa cuando se presentaba una crisis y organizaba la respuesta, ofreciendo ayuda y consuelo a los damnificados, respondiendo con una respuesta basada en la ciencia. Pero en esta pandemia no hemos visto nada de eso. No hemos buscado liderar la coalición global. Al contrario, nos retiramos de la Organización Mundial de la Salud. Tampoco hemos brindado ayuda ni consuelo a prácticamente nadie. Y Dios sabe que no hemos brindado soluciones basadas en la ciencia. Todo esto explica por qué estamos viendo hoy un déficit de democracia en el mundo. El ideal de la democracia alcanzó su cima en la década de 1990, después que Estados Unidos ganó la Guerra Fría porque la emulación es la fuerza más poderosa en política. Cuando la gente ve que algo funciona quiere emularlo, y la gente quiso emular lo que veía en Estados Unidos. Pero ahora lo que estamos mostrando como país está llevando a mucha gente a plantearse emular a China. "Mira cómo lidiaron con la pandemia. Tampoco tiene una Internet donde cualquiera puede difundir mentiras. Sí, claro, no puedes escribir un artículo de opinión criticando a Xi Jinping, y, sí, debes tener un puntaje de crédito social. Sí, sí, ok. Pero la vida en China parece ser estable y avanzar, mientras que la vida en Estados Unidos parece un caos total". ¡Y es así! ¿Quién diablos querría emularnos hoy? Hoy no somos el país que creemos que somos, ni somos el país que el mundo creía que éramos.

-¿A qué debemos prestarle atención?

-Estados Unidos está ahora en una guerra fría con China porque China jugó fuerte y Estados Unidos no estuvo a la altura. China creció con trabajo duro, retrasando sus gratificaciones, invirtiendo inteligentemente en educación, en infraestructura, en investigaciones financiadas por el gobierno, y robando la propiedad intelectual de terceros y firmando acuerdos comerciales no recíprocos. Se expandió con buenas y muy malas artes. Mientras tanto, Estados Unidos debe volver a lo que lo hizo grande: a las inversiones inteligentes en educación e infraestructura, a una ética protestante de trabajo duro, a investigaciones financiadas por el gobierno, a fijar las reglas correctas para incentivar la toma de riesgos, evitando al mismo tiempo la temeridad, y a fomentar la inmigración para atraer a los emprendedores que estén dispuestos a arriesgarse, a los más activos y de alto coeficiente intelectual del mundo. Eso es lo que importa, seas la Argentina o Estados Unidos. Porque si no tienes la base correcta, nada más importa. Si no construyes una base dura como un diamante, como país, como empresa, como periódico o, en nuestro caso, como periodista, la palabrería no te salvará. ¡Basta de quejarnos y de lloriquear! ¡Lo importante es la solidez de lo que construyes! Sea Estados Unidos o la Argentina, mejor que estemos construyendo cimientos realmente sólidos porque el mundo será más inestable de lo que era.

-¿Hay alguna pregunta que no le hice y le gustaría responder?

-No, abordamos todos los temas en los que estaba pensando. Por eso las respuestas salieron tan fácilmente [risas].

Biografía

Nacido en 1953, en Minneapolis, asistió a las universidades de Minnesota y Brandeis, como así también a la Universidad Hebrea de Jerusalén y a la American University en El Cairo, y se graduó con honores en Estudios Mediterráneos

Tras ganar una beca y completar su maestría en Estudios del Medio Oriente en la Universidad de Oxford, en 1978 comenzó a trabajar para United Press International (UPI), que un año después lo designó corresponsal en Beirut, donde cubrió la guerra civil

En 1981 comenzó a trabajar para The New York Times y en los años posteriores ganó sus dos primeros premios Pulitzer por su cobertura internacional, para luego publicar el libro De Beirut a Jerusalén, ganador de múltiples premios

Tras trabajar como corresponsal jefe ante la Casa Blanca, en 1995 pasó a escribir las columnas internacionales del Times, que le valieron su tercer Pulitzer en 2002, además de 16 títulos honoris causa y otros reconocimientos, como la Orden del Imperio Británico.

martes, 15 de septiembre de 2020

"ARGENCHINA": POR QUÉ CHINA DESPLAZÓ A BRASIL COMO EL MAYOR SOCIO COMERCIAL DE ARGENTINA

Marcia Carmo. De Buenos Aires para BBC News Brasil. 27 agosto 2020

El cambio en las relaciones comerciales entre Argentina y Brasil se debe a varios factores, incluyendo la pandemia de covid-19 y las desavenencias entre Jair Bolsonaro e Alberto Fernández.

Por primera vez en la historia, China desplazó a Brasil como el mayor socio comercial de Argentina. Este hecho inédito, que pasó casi desapercibido, ocurrió en septiembre y octubre de 2019, cuando Argentina exportó US$ 74 millones más al país asiático que al mercado brasileño. En octubre, la diferencia a favor de China fue menor, de US$ 37 millones.

En ese momento los números no llamaron mucho la atención. Pero el tema cobró relevancia luego de que China superara a Brasil como socio comercial argentino por tres meses consecutivos, abril, mayo y junio, y por un volumen mayor. En abril, las exportaciones argentinas a China alcanzaron los US$509 millones, principalmente en soya y carne bovina, un aumento de 50,6% en relación al mismo período de 2019.

 En el caso de Brasil, la exportaciones a Argentina sumaron US$393 millones, cuando en el mismo período en 2019 habían llegado a US$907 millones, lo que representa una caída de casi dos tercios, según datos del Instituto Nacional de Estadística de Argentina (Indec). En el mismo período, Argentina importó más de Brasil que de China, aunque el país asiático cerró el mes con un saldo positivo de US$98 millones en el comercio bilateral, mientras que Brasil tuvo un déficit de US$132 millones.

 ¿Cómo logró China desplazar a Brasil como el mayor socio comercial de Argentina?

 La pandemia de coronavirus, que desaceleró y hasta paralizó la industria, es uno de los principales motivos que explican el cambio, según especialistas consultados por BBC News Brasil. El sector industrial, especialmente el automotriz, representa por lo menos el 40% del intercambio comercial entre Brasil y Argentina.

 Por otro lado, la producción y exportación de granos no sufrió el mismo impacto y continúa siendo el pilar de las exportaciones de Argentina y de otros países de la región hacia China. Aún así, a pesar de las circunstancias actuales, no hay dudas de que Argentina y China vienen consolidando sus lazos, mientras los vínculos con Brasil se han "enfriado", de acuerdo a los especialistas.

 "ArgenChina"

El acercamiento de Argentina con China va más allá del comercio. Un ejemplo es el observatorio espacial chino para misiones a la Luna que va a ser instalado en la provincia argentina de Neuquén, en la Patagonia.

 Otro ejemplo es la producción china de carne porcina a gran escala en territorio argentino, destinada al mercado del país asiático. China se ha vuelto tan importante para Argentina que la revista Noticias ilustró recientemente su portada con el título "ArgenChina, las nuevas relaciones carnales" (esta última expresión era usada antes en relación a la aproximación de Argentina a Estados Unidos).

 El presidente argentino Alberto Fernández aparece en la portada, en un fotomontaje, con un sombrero cónico. Por otra parte, la relación comercial entre Argentina y Brasil se viene debilitando. El presidente de Brasil, Jair Bolosonaro, no ha hablado con Fernández desde que el mandatario argentino tomara posesión de su cargo hace ocho meses, algo inédito en la relación entre ambos vecinos.

 El silencio entre los gobernantes generó especulaciones sobre hasta qué punto ese distanciamiento político, sumado a quejas de Brasilia por barreras comerciales a productos brasileños, puede estar perjudicando las relaciones entre ambos países. "La relación con China tiene que ser vista desde tres ángulos: el económico, el político y el estratégico", le aseguró Raúl Ochoa, profesor de relaciones internacionales de la Universidad Nacional Tres de Febrero (Untref) en Buenos Aires, a BBC News Brasil.

 "Existe la impresión de que, debido a las características de Bolsonaro, China está buscando un segundo actor en la región". Ochoa señaló que Brasil, por sus dimensiones, habría sido el territorio natural para la producción de carne porcina que China ahora planea desarrollar en Argentina.

 "Claramente, China no quiere centralizarse solamente en un país", afirmó el académico. Marcelo Elizondo, de la consultora DNI, fue más allá, y aseguró que China no mira solo hacia Argentina como una alternativa a Brasil, "porque China precisa de todos, desde los recursos mineros de Perú a los peces de Chile, por ejemplo".

 Sin dilema

China es el principal socio comercial de Brasil. Durante la pandemia algunas autoridades brasileñas criticaron a China. Y políticos de la oposición en Brasil criticaron a su vez la postura de "alineamiento" del gobierno de Bolsonaro al discurso del presidente Donald Trump en Estados Unidos, según señaló bajo condición de anonimato un ex ministro de Relaciones Exteriores brasileño.

 Durante un reciente encuentro promovido por la organización empresarial estadounidense Council of the Americas, Sergio Amaral, exembajador brasileño en Estados Unidos, señaló que por sus dimensiones e intereses propios, Brasil "no puede caer en el dilema de tener que elegir entre China o Estados Unidos y debe relacionarse con los dos".

 De acuerdo a datos y predicciones de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) divulgados a inicios de agosto, las exportaciones regionales a China tendrán este año una caída mucho menor que las ventas a Estados Unidos o entre los mismos países de la región.

 Mientras está prevista una retracción de 32% en las exportaciones regionales a Estados Unidos, y del 28% en las exportaciones entre países de la región, en el caso de China la reducción sería "apenas del 4%", según la CEPAL.

 "Temporaria"

"Lo que está sucediendo es coyuntural. Gran parte del comercio entre Brasil y Argentina está basado en automóviles", señaló Eva Bamio, de la consultora económica Abeceb. "El sector automotriz, que representa cerca del 40% de la balanza comercial entre los dos países, estuvo prácticamente parado en Argentina debido a medidas de prevención por el coronavirus. A medida que se retomen las actividades, la participación de Brasil como socio comercial se va a recuperar".

 En la evaluación de Elizondo, a pesar de la pandemia, las exportaciones primarias (no industriales) están aumentando de manera general y tienen como principal destino Asia. "Las personas siguen comprando alimentos, pero dejaron de comprar automóviles, por ejemplo. Otro motivo es que la recuperación de las economías asiáticas fue más rápida. Y lo mismo no ocurre con Brasil o Argentina", afirmó Elizondo. "Pero creo que el hecho de que China supere a Brasil como destino de exportaciones es algo temporario", agregó.

 Bamio apuntó además que los insumos médicos enviados por China a Argentina (y a otros países de América Latina), también pesaron en los resultados de la balanza comercial. "China fue el primer país en tener el coronavirus y en cerrar su comercio a inicio del año. Pero a partir de la reapertura las cosas cambiaron y China volvió a importar, lo que también se reflejó en las exportaciones de Argentina", señaló Bamio.

 El gigante asiático pasó a tener un papel más destacado en las exportaciones de Argentina y otros países de América Latina debido al ciclo de las materias primas o commodities, aseguró el economista Santiago Taboada, de la consultora OJF&Asociados.

 "En términos anuales, Brasil continúa siendo el principal socio comercial de Argentina, pero esa posición dependerá de lo que suceda con las dos economías este año", afirmó Taboada.

 Además de la industria automotriz, que no produjo ni un automóvil en abril durante la primera etapa de la cuarentena en Brasil, Argentina fabrica insumos ligados a éste y otros sectores que también estuvieron paralizados, como la producción de plásticos.

 Desvalorización del real

Otro factor que influyó en la perdida de espacio de Brasil ante China en el comercio argentino fue la desvalorización del real, señaló el economista Matías Rajnerman, de la consultora Ecolatina, fundada por el exministro de Economía Roberto Lavagna.

 "El impacto de la covid-19 en la actividad del gigante de América del Sur y la desvalorización de su moneda, que pasó de cerca de 4 reales por un dólar a fines de 2019 a 5,6 reales (un aumento superior al 30%), contrastaron con la recuperación, aunque débil, de China, el país más poblado del mundo". La relación entre los dos países suele verse afectada también por las críticas, principalmente del lado brasileño, contra medidas que dificultan la fluidez de los desembarques de productos de Brasil en Argentina.

 La semana pasada, sin embargo, el nuevo embajador de Argentina en Brasil, Daniel Scioli, afirmó al diario La Nación luego de reunirse con el presidente Bolsonaro en Brasilia que "ese asunto ya fue resuelto".

 Cuando los periodistas le preguntaron sobre la caída de cerca del 30% en el comercio bilateral, Scioli respondió que va a trabajar para que "el incremento del comercio sea de forma sustentable en cantidad y en calidad".

 Exploración aeroespacial

Hace pocos días, Argentina ratificó un acuerdo firmado en 2014 durante el gobierno de la expresidenta Cristina Fernández para la instalación de una "estación terrestre de seguimiento, comando y adquisición de datos" en la provincia de Neuquén, "para las misiones chinas de exploración interplanetaria en el marco del Programa Chino de Exploración en la Luna".

 Ambos países declararon que quieren trabajar juntos en el desarrollo de tecnología espacial, con fines pacíficos y beneficios mutuos. El mes pasado, la Comisión Nacional de Actividades Espaciales de Argentina, CONAE, informó queparticipa de la misión china que lanzó una sonda a Marte en julio desde la base de Hainan, en el sur de China.

 Central nuclear

En entrevista con BBC News Brasil, el ex embajador de Argentina en China, Diego Guelar, señaló que Argentina y China acordaron construir una central nuclear en la provincia de Buenos Aires, lo que representará una inversión de cerca de US$ 8 mil millones por parte del país asiático. 

Con esa central nuclear los dos países buscan generar energía para Argentina y vender productos ligados a ese sector a otros países de América Latina.

 BBC News Brasil intentó contactar al responsable del sector en el Ministerio de la Producción de Argentina, pero no obtuvo respuesta hasta la fecha de cierre de este reportaje.