viernes, 29 de agosto de 2008

Superar la brecha digital, clave del desarrollo

Guerra digital contra la pobreza. Por Jeffrey D. Sachs. Para LA NACION
NUEVA YORK.- La brecha digital está empezando a cerrarse. El flujo de información digital -por medio de teléfonos celulares, mensajes de texto e Internet- hoy está llegando a las masas del mundo, incluso en los países más pobres, trayendo consigo una revolución en la economía, la política y la sociedad.
La extrema pobreza es casi sinónimo de extremo aislamiento, especialmente aislamiento rural. Pero los teléfonos celulares e Internet inalámbrica ponen fin al aislamiento y, por lo tanto, terminarán siendo la tecnología más transformadora del desarrollo económico de nuestro tiempo.
La brecha digital se está terminando, y no por un brote de responsabilidad cívica, sino, principalmente, mediante las fuerzas del mercado. La tecnología de telefonía celular es tan poderosa, y cuesta tan poco por unidad de transmisión de datos, que hoy resulta posible venderles a los pobres acceso a los teléfonos móviles. En la actualidad existen más de 3300 millones de abonados en el mundo, aproximadamente una de cada dos personas en el planeta.
Es más, la penetración de mercado en los países pobres está aumentando marcadamente. India tiene alrededor de 300 millones de abonados, y el número de abonos aumenta de manera apabullante: ocho millones o más por mes. Brasil hoy cuenta con más de 130 millones de abonados e Indonesia, con unos 120 millones. En el Africa, donde están los países más pobres del mundo, el mercado está en pleno apogeo, con más de 280 millones de abonados.
Los teléfonos celulares hoy son ubicuos, tanto en los pueblos como en las ciudades. Si un individuo no tiene un celular, casi con certeza conoce a alguien que sí lo tiene. Probablemente, una mayoría significativa de africanos tienen al menos acceso de emergencia a un celular, ya sea propio, de un vecino o en un quiosco comercial.
Aun más destacable es la continua "convergencia" de la información digital: cada vez más, los sistemas inalámbricos conectan a los celulares móviles con Internet, las computadoras personales y los servicios de información de todo tipo. La gama de beneficios es sorprendente.
Cada vez en más partes del mundo, los pobres de las zonas rurales hoy tienen acceso a sistemas inalámbricos de bancarización y de pago, como el famoso sistema M-PESA de Kenya, que permite transferencias de dinero por medio del teléfono.
La información transmitida a través de las nuevas redes abarca la salud pública, la atención médica, la educación, la bancarización, el comercio y el entretenimiento, además de las comunicaciones entre amigos y familiares.
India, hogar de los ingenieros en software y de las compañías de alta tecnología más prestigiosas del mundo, además de una economía rural vasta y densamente poblada de unos 700 millones de pobres necesitados de conexión de todo tipo, naturalmente ha sido un pionero del desarrollo económico liderado por la tecnología digital.
Cada vez más, el Gobierno y las empresas se han aunado en sociedades público-privadas para proporcionar servicios cruciales en la red digital.
En los estados indios de Andhra Pradesh y Gujarat, por ejemplo, los servicios de ambulancias de emergencia hoy están al alcance de decenas de millones de personas, respaldados por celulares, sistemas informáticos sofisticados y mayores inversiones públicas en salud rural. Varios sistemas de telemedicina en gran escala hoy están ofreciendo atención sanitaria primaria y hasta cardíaca a las poblaciones rurales.
Es más: el nuevo esquema de garantía de empleo rural, que apenas tiene dos años, no sólo emplea a millones de los ciudadanos más pobres del país con financiamiento público, sino que también hace ingresar a millones de ellos al sistema de bancarización formal, sobre la base de las redes digitales de India.
En el aspecto plenamente comercial, la revolución móvil está creando una revolución en la logística del marketing de la granja al comercio. Los agricultores y los vendedores de alimentos pueden conectarse directamente a través de teléfonos celulares y de centros de distribución, lo que les permite a los agricultores vender sus cosechas a precios más altos en la "puerta de la granja" y sin demora, mientras que los compradores pueden trasladar esos cultivos a los mercados con un mínimo de desperdicio y a precios más bajos para los consumidores finales.
El fortalecimiento de la cadena de valor no sólo aumenta los ingresos de los agricultores, sino que también permite la diversificación de los cultivos y la mejora agrícola de manera más general.
Del mismo modo, las empresas de software más importantes del mundo están generando empleos en el sector de la tecnología de la información, incluida la tercerización de procesos comerciales, directamente en los pueblos por medio de redes digitales.
La educación también se transformará de manera similar. En todo el mundo, las escuelas en todos los niveles se volverán globales, uniéndose en redes educativas digitales a nivel mundial. Los chicos, en Estados Unidos, aprenderán sobre Africa, China e India no sólo en libros y videos, sino también por los vínculos directos entre las aulas de diferentes partes del mundo. Los estudiantes compartirán ideas a través de chats en vivo, programas compartidos, proyectos conjuntos y videos, fotos y textos enviados por la red digital.
Las universidades también tendrán clases globales, donde estudiantes de una docena de universidades, o más, al mismo tiempo, se reunirán en conferencias, grupos de discusión y equipos de investigación. El año pasado, mi propia universidad -la Universidad de Columbia en la ciudad de Nueva York- se aunó con universidades de Ecuador, Nigeria, el Reino Unido, Francia, Etiopía, Malasia, India, Canadá, Singapur y China en un "aula global" que, simultáneamente, conectó a cientos de estudiantes en más de una docena de predios universitarios, en un curso emocionante sobre desarrollo sostenible global.
En mi libro El fin de la pobreza , escribí que se puede terminar con la pobreza extrema para el año 2025. Una predicción apresurada, tal vez, en vista de la violencia global, el cambio climático y las amenazas a los suministros de alimentos, energía y agua. Pero las tecnologías de información digital, si están difundidas de manera cooperativa y global, serán nuestras nuevas herramientas más importantes, porque nos permitirán unirnos globalmente en mercados, redes sociales y esfuerzos cooperativos para solucionar nuestros problemas comunes.
© Project Syndicate y LA NACION. (Traducción: Claudia Martínez)
El autor es profesor de Economía y director del Earth Institute en la Universidad de Columbia, Estados Unidos.

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